A veces, quisiera no ser pesado ni ofensivo, pero es que realmente no me la ponen fácil. ¿Cómo evitar decir que algunos, simplemente, no han dejado de ser adoctrinados? ¿O que, tal vez, son víctimas de un hechizo político? Es frustrante ver cómo todos responden de la misma forma, como si tuvieran un manual de frases prediseñadas. Es como si todos hubieran estudiado el curso «Populismo 1» y las lecciones fueran las mismas.
De repente, te encuentras con un mar de comentarios donde la misma gente usa las mismas palabras, repite los mismos discursos, como si estuvieran en una competencia de eslóganes vacíos. “Nosotros somos la mayoría, el pueblo, el soberano, ya despertamos”. ¡Todo suena igual! Y es que, efectivamente, todos repiten lo mismo. Eso ya no es un discurso genuino, es una copia exacta, como si todos hubieran memorizado lo que se supone que deben decir, como si hubiera algo de mágico en esa fórmula para manipular a las masas.
Y, claro, está la jerarquía. Primero, tenemos a los trolls—esos que escriben en mayúsculas, que parecen tener la capacidad de reunir todas las faltas de ortografía posibles en una sola frase. Después, aparece el «Populismo 1», que repite esas frases típicas. Y no solo es una cuestión de contenido vacío, sino también de forma. Y es aquí donde empieza lo interesante: si uno observa con detenimiento, hay niveles. Pasando por el nivel Troll, que es donde la agresividad está en su máxima expresión, llegamos al Populismo 1, que es ese lugar donde las frases empiezan a tomar forma, pero aún carecen de originalidad. Lo que se repite aquí son consignas, lemas que resuenan en los ecos del pasado reciente: «70 años de corrupción», «El pueblo ya despertó». Son las mismas frases una y otra vez, como si fueran la respuesta a todo.
Más adelante, si alguien sobrevive a este período, llega al Populismo 2. Este nivel se caracteriza por un tono más victimista, pero menos desorganizado. “No hay peor ciego que el que no puede ver, señor”. O “Usted debe ser uno de esos privilegiados, uno de esos pensionados de lujo” (mientras yo aquí vivo de donaciones de los que quieren mantener la campaña). Es una mezcla de frustración y acusación, como si el mundo entero estuviera conspirando contra el que no piensa igual.
Y después llegamos al Populismo 3. Aquí ya no se ven tantas faltas de ortografía, y las frases se sienten un poco más pulidas. Pero, para sorpresa de muchos, el contenido no cambia. En este nivel, las frases ya tienen cierto tono de sabiduría popular, con giros como: «No se puede tapar el sol con un dedo», que se acaba de convertir en un eslogan moderno. Esta frase la escuché por lo menos 20 veces en los comentarios de un video que publiqué recientemente en TikTok. ¿Y cómo se usa? Como si fuera la gran revelación, como si, al repetirla, todo quedara resuelto. «Señor, no se puede tapar el sol con un dedo» me dijeron, como si con esas palabras se pudiera desactivar toda una conversación política.
Y aquí está lo que me preocupa: las personas se han acostumbrado a vivir en estos niveles, en estos discursos reciclados. Pero no se dan cuenta de que el problema no está solo en las palabras, sino en lo que representan. ¿Qué pasa cuando nos limitamos a repetir lo que nos dicen sin cuestionarlo? ¿Qué pasa cuando dejamos que nos impongan frases, etiquetas y eslóganes sin profundizar, sin pensar? Lo que ocurre es que nos quedamos atrapados en el ciclo de la manipulación emocional, en donde lo importante no es pensar, sino sentir lo que nos dicen que debemos sentir.
Es fácil caer en esa trampa, porque la repetición crea un falso sentido de certeza. Pero la política no es una cuestión de eslóganes, no es un manual de frases predecibles que se repiten hasta que suenan como la verdad. La política es reflexión, es cuestionar, es analizar y, sobre todo, es no dejar que las palabras nos desarmen sin pensar primero en lo que significan.
A mí no me basta con repetir lo que otros dicen. Ni me basta con escuchar lo que “debería” decir para que me acepten. Prefiero ir más allá, mirar con atención, y poner en duda lo que me dicen, porque, al final, de eso se trata realmente la democracia. De pensar. Y eso, muchas veces, no tiene nada que ver con lo que se repite sin cuestionar.
Explicación final
Todo este comentario que he hecho, estoy hablando de los básicos del populismo, que no es lo mismo que las personas que van a votar por el continuismo o que siguen al candidato del partido oficial, porque he tenido conversaciones con ellos muy serias, interesantes y valiosas. Me refiero al nivel básico, que es un grupo que está dentro de ellos, pero ciertamente no son todos.
