Cuando las palabras de un gobierno tensionan la amistad entre pueblos

Disculpas a China

En las últimas horas, las relaciones entre Costa Rica y la República Popular China han experimentado un momento de tensión pública luego de declaraciones emitidas por funcionarios del gobierno costarricense en relación con un presunto caso de ciber espionaje vinculado al Instituto Costarricense de Electricidad.

Hasta donde se conoce públicamente, tales afirmaciones se realizaron sin que se hayan presentado pruebas concluyentes que las respalden. Cuando una acusación de esa naturaleza surge desde la voz de un gobierno —y más aún cuando proviene del propio presidente de la República— deja de ser una simple opinión política y pasa a convertirse, inevitablemente, en una declaración oficial del Estado.

Por esa razón resulta comprensible que el gobierno de la República Popular China, encabezado por su presidente Xi Jinping, haya reaccionado con sorpresa, molestia y solicitud de explicaciones.

No se trata de un detalle menor.

En un mundo que atraviesa momentos de creciente tensión geopolítica, donde cada palabra diplomática puede inclinar percepciones y alterar equilibrios delicados, las acusaciones públicas entre Estados no son simples intercambios retóricos. Son actos que pueden afectar relaciones comerciales, confianza mutua y años de cooperación construida entre pueblos.

Costa Rica, además, se encuentra en un momento particularmente sensible, después de haber firmado recientemente acuerdos de cooperación con los Estados Unidos que algunos han interpretado como de naturaleza estratégica o incluso militar. En ese contexto, cualquier señal que sugiera alineamientos o acusaciones hacia otras potencias inevitablemente adquiere un peso mayor del que tendría en circunstancias ordinarias.

Corresponderá ahora al gobierno costarricense aclarar formalmente sus palabras, presentar las pruebas que respalden sus afirmaciones o, si corresponde, rectificar lo dicho. Eso es parte del funcionamiento normal de las relaciones entre Estados soberanos.

Pero mientras ese proceso institucional ocurre, también existe algo que pertenece al ámbito humano y ciudadano.

Porque las relaciones entre países no están hechas únicamente de gobiernos. Están hechas también de pueblos, de estudiantes que viajan, de empresas que comercian, de familias que trabajan juntas, de décadas de cooperación cultural y económica.

China ha sido durante años un socio comercial importante para Costa Rica, y millones de ciudadanos chinos forman parte de una civilización milenaria que merece respeto en cualquier conversación internacional.

Por esa razón, aun sabiendo que no tengo autoridad oficial para hacerlo, ni representación diplomática alguna, quiero expresar algo desde un lugar distinto: desde la sociedad civil.

Quiero decir, con toda claridad y con toda sinceridad, que muchos costarricenses creemos en el valor del respeto entre naciones.

Y que cuando una acusación se formula sin pruebas públicas, también sentimos la responsabilidad moral de reconocer que las palabras pueden haber causado incomodidad o agravio.

Por ello, desde mi condición de ciudadano —sin cargo, sin mandato y sin más autoridad que mi propia conciencia— deseo ofrecer una disculpa respetuosa al gobierno de la República Popular China y a su pueblo, si las declaraciones recientes provenientes de nuestro país han resultado ofensivas o injustas.

Confío, al mismo tiempo, en la sabiduría del gobierno chino para comprender algo que también es parte de nuestra realidad democrática: los gobiernos pasan.

Los pueblos permanecen.

Costa Rica se encuentra a poca distancia de un cambio de administración, y muchas de las palabras que hoy generan controversia quedarán pronto en el pasado político inmediato.

Por eso espero que, más allá del ruido momentáneo de la política, prevalezca la paciencia, la prudencia diplomática y la voluntad de cuidar una relación que durante años ha sido de beneficio mutuo.

Las naciones verdaderamente sabias no reaccionan únicamente a los gestos del momento.

También saben mirar el horizonte más largo de la historia.

Y en ese horizonte, estoy seguro de que Costa Rica y China todavía tienen mucho camino por recorrer como socios, como interlocutores y, sobre todo, como pueblos que se respetan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio