Cuando las palabras también gobiernan

Según veo hoy en el noticiero de Amelia Rueda, Mario Zamora afirmó estar “a la orden como un soldado” para el gobierno de doña Laura Fernández. Y más allá de la intención que pudo haber tenido, hay algo en esa frase que merece detenerse.

Porque las palabras no son inocentes. Y mucho menos cuando vienen de un ministro de Seguridad.

Decirse “soldado” en cualquier contexto puede sonar a disciplina, a lealtad, a compromiso. Pero cuando esa palabra se coloca en el contexto de Costa Rica, un país sin ejército, con una tradición histórica de paz y con una neutralidad perpetua ante los conflictos bélicos del planeta… la palabra empieza a pesar distinto.

Empieza a generar ruido. Porque Costa Rica no forma soldados. Forma servidores públicos. Y esa diferencia no es menor.

Un soldado obedece. Un servidor público cuestiona, analiza, decide dentro del marco de la ley y responde a la institucionalidad, no a una figura de poder. Un soldado se alinea a una cadena de mando. Un ministro responde a la Constitución, a la ciudadanía y al equilibrio democrático.

Entonces, cuando se usa esa palabra, uno no puede evitar preguntarse qué hay detrás.

¿Es solo una forma de hablar? ¿Es una metáfora mal escogida? ¿O es una señal de algo más profundo?

Y ahí es donde inevitablemente se conecta con el contexto que estamos viviendo. Con decisiones recientes, con acuerdos internacionales, con conceptos como el llamado “escudo de las Américas”, que han empezado a mover conversaciones sobre seguridad, soberanía y alineamientos que antes no formaban parte de nuestro lenguaje cotidiano.

Porque cuando el lenguaje cambia, muchas veces es porque la realidad también lo está haciendo.

Y no se trata de alarmarse. Se trata de observar.

Porque Costa Rica ha construido su identidad precisamente en la ausencia de ese lenguaje. En no hablar desde lo militar. En no pensarse como un país de soldados. En no actuar desde esa lógica.

Por eso la palabra no pasa desapercibida. No porque defina una acción concreta, sino porque abre una interpretación. Y en política, las interpretaciones importan.

No estoy diciendo que haya una intención detrás. No estoy afirmando que haya un cambio estructural en marcha. Pero sí creo que hay que cuidar el lenguaje. Porque cuando quienes gobiernan empiezan a usar ciertas palabras, esas palabras empiezan a normalizarse.

Y lo que hoy suena extraño… mañana puede sonar cotidiano.

Tal vez fue solo una frase. O tal vez fue un pequeño reflejo de algo que apenas empieza a asomarse. Y ahí es donde vale la pena poner atención. No para reaccionar. Sino para entender.

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