De este lado y del otro de la barrera

Muchos de nosotros, quienes estamos de este lado de la barrera —el lado democrático del país— estamos haciendo un esfuerzo serio y sostenido para enfrentar el abstencionismo y la indecisión. El objetivo es claro: que el candidato democrático que logre pasar a segunda ronda sea quien enfrente al oficialismo y tenga una posibilidad real de ganar la presidencia de la República. Ese esfuerzo es normal, coherente y sano. Es el resultado de análisis, conversación, datos, educación cívica y una comprensión básica de cómo funciona una democracia real.

Pero —porque siempre hay un pero— del otro lado de la barrera ocurre exactamente lo contrario. Ahí abundan los comentarios triunfalistas, casi fantasiosos, donde se afirma que “nuestra candidata gana en primera ronda” y, de paso, se le adjudican cifras como 40, 52 o incluso 62 diputados. Conviene detenerse un segundo en esos números, ponerlos entre paréntesis mentales y observarlos con calma. No solo por lo improbables, sino por lo que revelan.

La diferencia entre ambos lados no es solo política, es cognitiva. De un lado hay personas que piensan, analizan, dudan, contrastan información, estudian escenarios y entienden límites institucionales. Del otro, hay consignas, deseos elevados a certezas y una desconexión preocupante entre lo que se dice y la realidad democrática del país. Esa brecha no se explica solo por ideología; se explica por la relación que cada grupo tiene con el pensamiento crítico.

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