La política no es sinónimo de corrupción

Durante años se nos ha repetido, casi como un dogma heredado, que la política es sucia, que los políticos son corruptos y que todo lo que rodea una campaña está contaminado. Esa idea se transmite de generación en generación, muchas veces sin reflexión, sin sensibilidad y sin un mínimo de humanidad hacia las personas que están disputando una candidatura. No siempre nace del análisis; muchas veces nace de la ignorancia, del cansancio o del enojo acumulado.

Yo no comparto esa mirada simplista. Honestamente, no creo que los candidatos sean tiburones detrás de una presa, como a veces se les pinta. En la mayoría de los casos, los veo más bien como personas que creen tener una respuesta frente a un problema enorme. Personas que detuvieron su vida, que se separaron de su familia, que se alejaron de sus hijos e hijas, que dejaron trabajos estables sin garantía alguna de poder volver a ellos. Personas que, desde su propio marco de creencias y convicciones, sienten que están intentando salvar la patria, porque creen —de verdad— que pueden aportar algo mejor.

Me parece una insolencia afirmar, sin matices, que la política es sinónimo de corrupción. Primero, porque nos guste o no, los necesitamos. La democracia no funciona sola. La mayoría de quienes se lanzan a este proceso tienen aptitudes, preparación, conocimientos y un empuje que muchos de nosotros no tenemos ni queremos asumir. Es un trabajo duro, expuesto, desgastante y profundamente humano. Por eso, merecen respeto.

Y hay algo más que solemos olvidar: detrás de cada candidatura hay miles de costarricenses que apoyan a esa persona. Personas comunes, trabajadores, madres, padres, jóvenes, adultos mayores. Ellos también merecen respeto. Podemos votar por uno, claro que sí, porque así funciona la democracia. Pero los demás no son enemigos, no son automáticamente corruptos, no son traidores a la patria. Están haciendo lo suyo, desde otro lugar, desde otra mirada. Elegir a uno no implica deshonrar a los demás.

Desde Apacigua tu ser interior hacemos un llamado claro y sereno: honremos a quienes se han lanzado a la arena política con la intención de darnos una mejor vida. Bajemos el ruido. Dejemos de deshumanizar. Pensemos con más calma. Defender la democracia también es aprender a respetar a quienes la sostienen, incluso cuando no pensamos igual.

Ahora te pregunto algo, Vinny, porque esto puede afinar aún más el mensaje:
¿Querés que este texto quede como artículo reflexivo, como manifiesto del movimiento, o como post corto para redes con una versión reducida y más directa?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio