Egipto y Turquía – Capítulo 1

El viaje empezó antes de que lo supiéramos

Hay momentos en la vida que no anuncian que van a cambiarlo todo. No suenan trompetas, no hay una señal luminosa en el cielo, ni siquiera una conversación trascendental. Simplemente ocurren. Y solo mucho después, cuando uno mira hacia atrás con la calma que da la distancia, entiende que aquello que parecía un episodio más, en realidad era el comienzo silencioso de una historia larga.

Nunca planeamos recorrer el mundo. Si alguien me hubiera preguntado años atrás cuál era mi proyecto de vida, habría mencionado mi empresa, mis acuarelas, mis fotografías, mis libros empezados y mi vida tranquila en Costa Rica. Viajar era agradable, claro. Inspirador incluso. Pero no era un destino. Era apenas una posibilidad entre muchas. Y sin embargo, como suele pasar con las decisiones que verdaderamente transforman la existencia, no fue una decisión consciente la que abrió esa puerta, sino una suma lenta de experiencias, pequeñas elecciones y caminos que se fueron encadenando hasta formar algo mucho más grande de lo que imaginábamos.

Mi nombre es Vinicio Jarquín. Costarricense. Empresario por responsabilidad, acuarelista por necesidad interior, coach porque siempre hay que encontrar lo mejor en nosotros, fotógrafo por fascinación con la luz y escritor por esa compulsión extraña que consiste en no poder vivir algo intensamente sin sentir después el impulso casi físico de ponerlo en palabras. Hay personas que recuerdan los viajes con fotografías; yo los recuerdo con historias que todavía no he escrito.

En medio de esa vida apareció Luis Fernando Sánchez. Y cuando digo apareció, no me refiero a un instante dramático ni cinematográfico. Me refiero a esa forma tranquila en que algunas personas llegan a tu historia y, sin hacer ruido, empiezan a formar parte del paisaje cotidiano hasta que un día descubres que ya no puedes imaginar ciertos caminos sin su presencia. Luis Fer se convirtió en mi compañero de rutas, de aeropuertos, de mapas abiertos sobre la mesa del hotel, de madrugadas con maletas medio cerradas y de silencios compartidos mirando ciudades desconocidas desde una ventana.

Nuestro primer viaje juntos fue a Nuevo México, en Estados Unidos. Nada espectacular. Nada heroico. No hubo promesas solemnes ni la sensación de estar iniciando una aventura global. Era, simplemente, un viaje. Uno más. Normal. Y quizá justamente por eso fue tan importante, porque las historias que realmente se vuelven trascendentes rara vez empiezan con grandilocuencia. Empiezan con algo pequeño, manejable, cotidiano… algo que la mente acepta sin resistencia.

Después vinieron otros viajes. Y luego algunos más. Y más adelante otros que ya no recuerdo en qué momento empezaron a formar una secuencia. Sin darnos cuenta, el mapa comenzó a llenarse de puntos, como si alguien hubiera estado trazando una ruta invisible mientras nosotros solo vivíamos cada experiencia por separado. Canadá. Estados Unidos una y otra vez. Guatemala. Panamá. Colombia. Ecuador. Perú. Argentina. Uruguay. Chile. Brasil. Europa desplegándose como un libro abierto: España regresando a nosotros más de una vez, Francia repitiéndose, Italia, Alemania, Dinamarca, Rusia, Finlandia, Suecia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda… nombres que alguna vez fueron lejanos y que poco a poco empezaron a convertirse en recuerdos personales, en conversaciones privadas, en escenas que ya formaban parte de nuestra propia memoria emocional.

Nunca tuvimos la obsesión de conocerlo todo. De hecho, cuanto más viajamos, más claro se vuelve que el mundo no es una lista para tachar destinos, sino un espacio para experimentar momentos. Preferimos no repetir ciudades, porque siempre hay algo nuevo que descubrir. Aunque la verdad —y esto lo aprendí con el tiempo— es que hay lugares que se quedan dentro de uno de tal manera que volver deja de ser una repetición y se convierte en una forma distinta de encuentro. También existe, aunque no lo voy a revelar, una pequeña lista de destinos a los que preferimos no ir nunca. Cada viajero tiene su propio mapa interno, hecho no solo de geografías, sino de intuiciones.

Cada viaje deja huellas distintas. Fotografías, sí. Objetos pequeños, también. Pero sobre todo deja historias suspendidas en algún lugar de la memoria, esperando ser contadas. Y ahí aparece mi problema personal, porque tengo la costumbre —o la necesidad— de querer escribir un libro por cada viaje importante. El inconveniente es que ordenar un viaje, entenderlo, escribirlo con honestidad, me toma alrededor de seis meses. Y normalmente, cada cinco meses, ya estamos planeando el siguiente. Es una ecuación imperfecta, una especie de carrera constante entre la experiencia vivida y la experiencia narrada. Cuando estoy terminando de comprender un viaje, ya estoy empezando otro.

Podría escribir versiones cortas. Resúmenes eficientes. Listas rápidas de lo visto y lo hecho. Pero sé, en algún lugar profundo, que eso no sería fiel a lo que busco. Porque viajar no es acumular destinos; es permitir que cada lugar transforme algo adentro. Y esas transformaciones no caben en un resumen.

Este libro nace justamente de ese intento. No de documentar kilómetros recorridos, sino de capturar lo que ocurre cuando dos personas salen al mundo sin imaginar que el mundo también empieza, lentamente, a entrar dentro de ellas.

Porque si algo he aprendido con los años, es que los viajes no terminan cuando el avión aterriza.

Los viajes continúan trabajando dentro de uno, reorganizando recuerdos, resignificando decisiones, y a veces —solo a veces— mostrando caminos que todavía no sabíamos que estábamos buscando.

Y quizá, si uno presta suficiente atención, puede descubrir que el verdadero viaje no empezó cuando compramos el primer boleto. Empezó mucho antes.

En esta serie «Mis diarios de viaje», narraré algunos de las travecías que hemos hecho, sin ningún orden cronológico entre ellas, pero si respetando el día a día de cada viaje.

Mañana comenzamos, y continuaremos mientras la audiencia se mantenga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio