
Esta noche, en medio del estrés de estos días, decidí salir a dar una vuelta y comerme algo. Fui a Popeyes Costa Rica, en Rohrmoser, sobre el bulevar. Mientras estaba comiendo observé que el guarda de seguridad movió el cono que protegía uno de los espacios de estacionamiento preferencial y permitió que un vehículo se estacionara allí. Del carro bajaron tres muchachos muy jóvenes, todos menores de treinta años. Por lo que pude observar, ninguno parecía requerir el espacio preferencial ni advertí alguna identificación que justificara su utilización.
Cuando salí del restaurante le pregunté al guarda por qué había permitido que ese vehículo utilizara el espacio preferencial. Su respuesta, en un tono fuerte y golpeante, fue: —Porque yo les di acceso. Le dije que él no podía simplemente darles acceso, porque ese espacio no estaba ahí para que un guarda decidiera quién podía utilizarlo. —Sí, sí puedo —me respondió. Entonces le dije algo que todavía me parece elemental: —No, señor. Usted no está aquí para dar permisos. Usted está precisamente para cuidar que quien utilice ese espacio esté autorizado o realmente necesite utilizarlo.
Ese es precisamente el problema que quiero denunciar. El estacionamiento preferencial no es propiedad del guarda, ni del administrador, ni del restaurante. En Costa Rica existe una regulación específica para estos espacios. Los establecimientos públicos y privados de servicio al público que tienen estacionamiento deben respetar las disposiciones correspondientes a los espacios reservados para personas con discapacidad y otros usuarios contemplados por la normativa. El guarda puede mover físicamente el cono, por supuesto, pero eso no convierte el espacio en suyo ni significa que pueda asignarlo según su criterio personal.
Y aquí mi reclamo ya no es solamente con el guarda. Es con Popeyes Costa Rica, porque si una empresa mantiene espacios preferenciales en sus instalaciones, también tiene la responsabilidad de procurar que quienes trabajan protegiéndolos comprendan para qué existen. Un cono frente a un parqueo preferencial no debería significar: “Pregúntele al guarda si se lo presta”. Debería significar exactamente lo contrario: este espacio se respeta y se mantiene disponible para quien tiene derecho o necesidad de utilizarlo.
No sé si lo que ocurrió esta noche responde a una práctica habitual, a una instrucción interna o simplemente a una decisión individual del guarda. No voy a afirmar lo que no conozco. Lo que sí puedo afirmar es lo que presencié: el guarda movió el cono, permitió el ingreso del vehículo y, cuando le pregunté, me respondió claramente que podía hacerlo porque él les había dado acceso.
Antes de publicar este artículo envié un mensaje a la administración de Popeyes Costa Rica para comunicar lo sucedido y darles la oportunidad de responder. También les indiqué que, si desean explicar lo ocurrido y especialmente informar qué acciones tomarán para evitar que una situación como esta vuelva a presentarse, publicaré su respuesta en este mismo espacio.
Porque denunciar también implica escuchar la otra parte.
Pero mientras llega esa respuesta, aquel cono sigue representando para mí algo muy sencillo: proteger un espacio no significa tener derecho a disponer de él.
El guarda podía mover el cono, sí; pero el parqueo preferencial no era suyo.