El otoño que empieza a sentirse

Ayer despegó un jet privado desde Costa Rica rumbo a Estados Unidos llevándose a Celso Gamboa, y con ese despegue pareciera que se abre un nuevo capítulo en esta novela política que venimos viviendo como país. Una historia que bien podría llamarse El otoño costarricense, ese momento en el que, como en los países de cuatro estaciones, las hojas empiezan a caer. Y cuando las hojas caen, no siempre anuncian solo renovación… a veces también revelan lo que estaba oculto bajo la sombra.

Porque sí, para algunos esto puede sentirse como esperanza. La posibilidad de que salgan nombres, de que se conecten puntos, de que por fin ciertas verdades dejen de ser rumores. Pero para otros, esto puede empezar a sentirse como algo mucho más incómodo. Como esa sensación de que el piso se mueve, de que lo que parecía firme tal vez no lo era tanto.

Y aquí es donde la historia se vuelve más compleja. Porque cuando una pieza clave sale del país, también sale del alcance directo de nuestras instituciones. Y entonces, inevitablemente, surge una pregunta que no deberías evitar: ¿quién decide ahora qué se dice… y qué no?

Desde mi punto de vista, no es ingenuo pensar que en las relaciones entre gobiernos pueden existir acuerdos, entendimientos o incluso silencios convenientes. No lo afirmo como hecho, pero tampoco lo descarto como posibilidad. Porque la política internacional no siempre se mueve únicamente por la verdad, sino también por intereses. Y en ese juego, la información puede administrarse, filtrarse o incluso protegerse dependiendo de a quién afecte.

Eso significa que lo que Celso diga podría no ser lo único relevante… sino también lo que otros decidan hacer con eso que diga. Qué se comparte, qué se guarda, qué se negocia. Y esa parte, querás o no, ya no está completamente en manos de Costa Rica.

Tal vez si esta historia se hubiera desarrollado aquí, bajo nuestras propias reglas, tendrías otra sensación. Tal vez más claridad, tal vez más ruido… pero al menos sería nuestro proceso. Hoy, en cambio, estamos mirando una historia que sigue siendo nuestra, pero que empieza a escribirse también desde afuera.

Y en medio de todo esto, más que aplaudir o entrar en pánico, lo que te propongo es algo más incómodo, pero más necesario: no te tragués la historia completa sin masticarla. No te apresurés a celebrar ni a condenar. Observá. Preguntá. Dudá.

Porque en este “otoño”, no solo van a caer hojas. También se va a poner a prueba tu capacidad de pensar con calma en medio de lo que podría convertirse, muy fácilmente, en puro ruido.

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