
Este 14 de septiembre nos une la patria. Mantengámonos unidos, porque todos somos costarricenses, indistintamente de cuál consideremos que es la ruta correcta para nuestro país. Podemos pensar distinto, apoyar posiciones diferentes y tener profundas diferencias sobre el presente y el futuro de Costa Rica. Eso forma parte de una sociedad democrática y también de nuestra libertad. No necesitamos estar de acuerdo en todo para reconocernos como parte de una misma nación.
Por eso, esta noche de faroles, quisiera proponer algo muy sencillo: que nuestros faroles no se conviertan en pancartas políticas. Que no sean a favor de unos ni en contra de otros. Que no lleven ataques, consignas, nombres ni mensajes destinados a dividirnos todavía más. Que sean de Costa Rica. El farol tiene una historia mucho más grande que cualquier coyuntura política. Nos conecta con nuestra independencia, con quienes vinieron antes que nosotros, con nuestras familias, con nuestras escuelas, con nuestros barrios y con esa memoria colectiva que hemos ido construyendo generación tras generación.
Ese pequeño farol encendido puede representar muchas cosas: libertad, esperanza, democracia, convivencia, historia y futuro. Puede representar también algo que hoy necesitamos recordar: que seguimos compartiendo una patria. No importa si usted considera que el país debe ir por un camino o por otro. No importa si apoya al Gobierno, si se opone a él o si simplemente observa con preocupación lo que sucede. Esa discusión tendrá su espacio y tendrá también su momento. Pero la noche del 14 de septiembre puede ser distinta.
Podemos regalarle unas horas a Costa Rica. Podemos celebrar la independencia, nuestra libertad, nuestra historia y todo aquello que todavía compartimos como pueblo. Podemos caminar con nuestros niños, encender una luz, escuchar música, mirar la bandera y recordar que este país no pertenece a un gobierno, a un partido, a una corriente política ni a un grupo determinado. Costa Rica nos pertenece a todos. Y precisamente por eso, ninguna diferencia política debería tener la capacidad de arrebatarnos también nuestros símbolos, nuestras tradiciones y nuestras celebraciones.
Este 14 de septiembre, por encima de nuestras diferencias, encendamos una luz por la patria. Que cada farol diga, sin necesidad de escribirlo: esta noche somos Costa Rica.