Alguien comentó recientemente: “La única diferencia es que el ejército aquí en Costa Rica es el pueblo; si hubiera tal fuerza militar al mando del PLN, estaríamos peor que Nicaragua y Venezuela.”
Y yo respondí algo muy simple, casi obvio: El PLN abolió el ejército. Así que, si seguimos la lógica de esa frase, lo que corresponde es entender ese comentario como una felicitación involuntaria a ese partido. Y está bien. Muy bien.
Lo interesante de estas discusiones es cómo, sin darnos cuenta, repetimos ideas que no revisamos. A veces decimos cosas que contradicen por completo la historia, la realidad y hasta el sentido común… pero que repetimos porque alguien más las dijo primero. Es el costo de vivir en tiempos de consignas rápidas y pensamientos prestados.
Costa Rica no tiene ejército precisamente porque alguien —con nombre, rostro y firma— tomó la decisión más valiente de nuestra historia republicana.
Y si hoy podemos caminar sin ver soldados armados en las esquinas, si nuestros hijos van a la escuela sin ver tanques en las calles, si vivimos en una democracia que respira… es porque un gobierno tomó una decisión que nadie más en la región se atrevió a tomar.
Podemos estar en contra o a favor de cualquier partido. Podemos votar como queramos. Podemos tener diferencias profundas.
Pero hay hechos que no cambian porque gritemos más fuerte: Quien abolió el ejército fue Don Pepe, fundador del PLN. Y gracias a eso, Costa Rica siguió un camino distinto al de varios países hermanos que hoy viven bajo sombras que no merecen.
No se trata de defender a un partido. Se trata de defender la verdad. Porque cuando la verdad se desdibuja, la democracia se resquebraja.
La memoria histórica no es un lujo. Es un acto de responsabilidad.
Y si queremos un país que respire en paz, también tenemos que respirar con lucidez.
Nota: a ese troll, hoy no le pagan. Por baboso.
