Laura, presidente absoluto

Cuidado, votantes chavistas: el poder no siempre obedece a quien lo crea

Don Rodrigo Chávez escogió a doña Laura Fernández como la candidata del continuismo y del chavismo. Palabras menos, palabras más, al inicio doña Pilar Cisneros la consideró una figura básica, incapaz de formular una idea clara o profunda. Pero el tiempo —y la estrategia política— hicieron lo suyo. Tal vez Rodrigo y Pilar entendieron que Laura podía ser útil. Sencilla, manejable, controlable. Y la lanzaron al ruedo político con el propósito de mantener viva la corriente del chavismo, pero con otro rostro.

Laura se presenta hoy como “la candidata del rodriguismo”, pero en realidad representa la continuidad del chavismo disfrazada de novedad. Sin embargo, hay algo que la gente parece no ver: el poder cambia a las personas. Y si eventualmente doña Laura llegara a ganar la presidencia, nada garantiza que siga obedeciendo las líneas del presidente —para entonces expresidente—, ni las sugerencias de doña Pilar. Nada.

Es perfectamente posible —y hasta probable— que una vez en la silla presidencial, doña Laura se desligue por completo de ambos. Que decida asumir el poder sola, por cuenta propia, y los deje fuera del juego político. Y entonces habrá que preguntarse: ¿dónde quedarán Rodrigo y Pilar? ¿Y dónde quedarán los miles de votantes que creyeron que votaban por el rodriguismo, por el chavismo o por el supuesto legado de Rodrigo?

Cuidado, votantes. Porque una vez que se abre la puerta del poder, nadie puede garantizar lealtad. El poder transforma, seduce, envuelve… y vuelve impredecible hasta al más obediente.

Laura podría no ser ni chavista ni antichavista. Podría ser simplemente… Laura. Y eso, lejos de ser un alivio, podría ser el verdadero peligro. Porque un liderazgo que no nace de convicciones sino de conveniencias, termina girando según el viento que más le convenga.

Costa Rica ya ha aprendido —o debería haber aprendido— que los experimentos políticos basados en egos, oportunismos o revanchas, siempre le salen caros al país. No votemos por símbolos vacíos ni por alianzas de ocasión. Pensemos con serenidad, con conciencia y con amor a la patria.

Y subrayo la pregunta: ¿Es Laura continuidad del chavismo, o en realidad Laura es Laura?

Porque, ya Laura de presidenta, Rodrigo tendría que pedir audiencia. Y ella podría no recibirlo.

Ya no lo necesitaría. Ya sería una piedra para ella.

Claro, todo esto es una novela en mi cabeza de escritor… pero, ¿es descabellado?

Don Rodrigo es enérgico, decidido, brillante y carismático. ¿Laura también?

Don Rodrigo tiene la capacidad minuciosa, sutil y estratégica de pelearse con los poderes y las instituciones. ¿Tiene Laura esa capacidad sin él?

Don Rodrigo, creo yo, ha satanizado a los expresidentes, haciéndolos ver como lo peor de la nación. ¿Aprendió Laura de esa escuela? Porque Rodrigo sería ahora uno de ellos… sin ser uno de ellos.

Esto parece un cuento de terror, pero temo que todo podría ser posible. No es que lo sea o vaya a serlo, pero podría ser. Y no hay ningún freno legal ni constitucional que impida que suceda de esta manera.

Laura podría —y solo podría— respetar la Constitución y al Poder Judicial, con el respaldo de todo el aparato estatal, todo, y entregar a Rodrigo a las autoridades. Sentarse en la silla de Zapote, subir los pies sobre el escritorio, encenderse un cigarrillo y reírse de todos: de ellos… y de ustedes, si ustedes votaron por ella.

Solo me queda una pregunta: Si don Rodrigo leyera esto, ¿se reiría de mí?, porque sabe que todo está bajo control… o, por el contrario, ¿lo pensaría un par de minutos y luego exclamaría: ¡Caramba!?

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