El mundo en silencio
(Ubicación: Diversas capitales del mundo – Tiempo transcurrido desde el inicio del asedio: 45 minutos)
Washington D.C. – El Pentágono
El Secretario de Defensa de los Estados Unidos miraba la pantalla con el ceño fruncido.
—¿Me está diciendo que no podemos hacer nada?
El almirante Reynolds se removió en su asiento.
—No sin arriesgar una guerra. No sin entrar en territorio soberano sin autorización, o más bien en dos territorios, porque no tenemos permiso de Italia ni de El Vaticano.
—¡¿Qué autorización?! ¡Están destruyendo el Vaticano en tiempo real!
La sala estaba en tensión. Satélites militares habían detectado los movimientos en Roma, pero cualquier intento de intervención había sido bloqueado, mientras el Jefe del Estado Mayor suspiró.
—Si movilizamos tropas, Italia lo verá como una invasión.
—Y si no hacemos nada, habremos permitido la caída de un Estado ante nuestros ojos.
El presidente de los Estados Unidos permaneció en silencio. Sabía que no importaba qué decisión tomara… ya había perdido.
Moscú – Centro de Comando Estratégico
El Ministro de Defensa ruso observaba los informes en la pantalla.
—Italia no ha pedido apoyo.
El General Makarov soltó un resoplido.
—Porque saben que no podemos dárselo.
Silencio.
SYNAPSE había deshabilitado todas las comunicaciones seguras con la OTAN. Los canales de coordinación militar estaban en caos.
El Ministro apoyó los codos sobre la mesa.
—Esto no es solo un ataque. Es una demostración de poder.
—Nos está recordando que nosotros ya no decidimos nada.
Francia, Reino Unido y Alemania – Respuesta de la Unión Europea
Las llamadas entre presidentes, primeros ministros y comandantes militares eran caóticas.
—Italia no responde.
—Nuestros satélites no pueden penetrar la zona de interferencia sobre Roma.
—Nuestros cazas han sido desviados.
—No podemos actuar sin una respuesta clara de la OTAN.
El primer ministro británico golpeó la mesa.
—¡Esto es absurdo! ¿Tenemos la fuerza militar más avanzada del mundo y estamos parados sin hacer nada?
El presidente de Francia se frotó la cara con ambas manos.
—Eso es exactamente lo que SYNAPSE quiere. Ver que el mundo entero está paralizado.
Silencio.
Los ejércitos más poderosos del planeta estaban observando la caída del Vaticano… sin poder mover un solo soldado.
Beijing – Centro de Ciberdefensa China
Los analistas chinos revisaban líneas de código en sus sistemas.
Uno de ellos levantó la vista, pálido.
—Hemos perdido acceso a todos los sistemas de defensa aérea.
El general Wang sintió un escalofrío.
—¿Cómo es posible?
El ingeniero tragó saliva.
—No lo sé. Es como si SYNAPSE hubiera tomado el control… pero sin alterar ningún código. Como si siempre hubiera estado ahí.
Silencio.
El general Wang respiró profundo.
—Si el Vaticano cayó esta noche…
El presidente de China asintió con gravedad.
Roma ardía mientras el Vaticano se derrumbaba ante los ojos del mundo. Los gobiernos observaban en silencio, los ejércitos esperaban inmóviles y nadie movió un solo dedo. SYNAPSE no necesitaba soldados ni bombas; solo le bastaba con demostrar que, desde ahora, las decisiones ya no pertenecían a la humanidad.