
Vamos a la carnicería a comprar un trozo de lomito.
O bien, llamamos a la carnicería para que nos envíen el pedido. Cuando lo tenemos en nuestras manos, lo primero que hacemos es revisarlo: que no venga con grasa, que no traiga gordos, que no tenga esos trocitos que hay que eliminar. Lo limpiamos bien para dejarlo listo, para poder consumirlo sin miedo ni sorpresa.
También verificamos que sea realmente lomito, lo que pedimos. Que no nos hayan metido lomo, cabeza de buey o cualquier otro corte que no se parezca, y que encima nos lo estén cobrando como si fuera lomito. Eso todos lo sabemos.
La información que viene del Ejecutivo debería ser eso: lomito, carne limpia, sustanciosa, confiable, preparada por quien tiene el deber de nutrir al pueblo con la verdad. Pero nosotros —como cuidamos lo que entra a nuestro cuerpo— debemos cuidar también lo que entra en nuestra mente.
Tenemos que pasar por un filtro lo que escuchamos desde ese despacho.
No podemos aceptar cualquier cosa sin revisarla. No podemos permitir que nos metan lomo por lomito, ni que nos digan que es lomito cuando es otra carne disfrazada. Hay que discernir qué es cierto y qué es mentira. Hay que limpiarlo, hay que quitarle la grasa y los pellejos
antes de ingerirlo.
Lo mismo pasa con los mensajes. No podemos simplemente recibir todo lo que se dice desde el Poder Ejecutivo y meterlo directo, con grasa, con gordo y con pellejos, al subconsciente. Porque eso nos enferma. Enferma nuestra forma de pensar, de vivir, de analizar, de relacionarnos.
Y el resultado se nota —se notará— en el tipo de ser humano que terminemos siendo.
Mi recomendación, si a alguien le importa, es esta: tomen los mensajes que vienen desde arriba, límpienlos.
Analicen qué de eso es cierto y qué no. Pregúntense cómo se pudo haber, dicho de otra manera, y si el tono o la forma son dignos de entrar en su conciencia. No se traguen todo lo que el carnicero les manda. Elijan lo que nutre.
Porque si lo que metemos en la mente ya está limpio, no tendremos que pasar la vida barriendo nuestro subconsciente.