A veces, cuando alguien me lee, cree que estoy tomando partido. Que defiendo o ataco a uno u otro candidato. Pero lo que realmente estoy intentando hacer no es política: es conciencia.
Es invitar a respirar, a mirar un poco más despacio lo que está pasando, y a no dejar que el ruido político nos robe la paz interior.
Porque si la efervescencia nos domina, si vivimos en constante rabia o miedo, terminamos siendo parte del problema que decimos rechazar.
No escribo para levantar banderas, sino para bajarlas un momento. Para que podamos vernos como lo que somos antes de cualquier ideología: seres humanos.
Escribo porque me duele ver cómo nos estamos dividiendo, cómo el diálogo se ha vuelto una pelea, y cómo el país que siempre fue ejemplo de serenidad empieza a confundirse con los gritos.
Esta campaña no busca votos. Busca calma.
Busca recordarnos que ningún candidato, ningún presidente, y ningún gobierno vale más que la paz de un pueblo.
Y que, si queremos una Costa Rica distinta, primero tenemos que apaciguar lo que llevamos dentro: el enojo, la intolerancia, el miedo, la necesidad de tener siempre la razón.
Porque Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz no es un lema: es una práctica.
Y empieza cada vez que elegimos no atacar, no ofender, no reaccionar desde la rabia.
Cada vez que decidimos pensar con claridad, hablar con respeto, y sentir con compasión.
No es política, es conciencia.
Y si cada uno de nosotros logra mantener esa serenidad en medio del caos, tal vez descubramos que el verdadero cambio no empieza en las urnas, sino en el corazón.