
En días pasados apareció una noticia —o una confesión— publicada por un creador de contenido, en la que asegura que varias de las comisiones de la Asamblea Legislativa que está por salir fueron un show montado. Así, tal cual. Una puesta en escena. Un espectáculo cuidadosamente construido. Y lo primero que tengo que decir, con total claridad, es esto: nada de eso me consta. No puedo afirmar que sea cierto. No puedo validarlo. Pero tampoco puedo ignorar que se dijo.
En ese mismo comunicado se habla de organizaciones antichavistas, que según él —y recalco, según él— estarían organizadas y pagadas para actuar en contra del gobierno. Y aquí es donde la cosa se vuelve interesante, porque esto puede ser tan cierto como lo que durante años se ha dicho del otro lado: que el gobierno pagaba troles para defender su narrativa. Entonces, ¿en qué quedamos?
Tal vez en algo más incómodo.
Tal vez en que, sin darnos cuenta, muchos estuvimos metidos en una batalla de artimañas que no entendimos… y que probablemente hoy mismo seguimos sin entender del todo. Una guerra de percepciones, de narrativas, de influencias, donde cada bando empuja su versión, y la ciudadanía —muchas veces— solo recibe, reacciona y comparte.
En medio de todo esto, ese mismo creador ataca fuertemente a varias personas. Entre ellas menciona a un señor Sojo, que según he leído se fue de Costa Rica después de las elecciones y ahora, aparentemente, vive fuera del país. Lo recuerdo porque en algún momento vi pasar publicaciones suyas haciendo comentarios en mi contra. Comentarios que, honestamente, agradezco. Porque cada vez que lo leo, entro en una especie de maestría de apaciguamiento. Me observo, me escucho, y confirmo que estoy haciendo lo que predico. Aunque debo admitir que todavía no entiendo por qué le caigo tan mal… sobre todo después de que me llamó “sicario”. Ahí sí no pude evitarlo: me dio risa. Como treinta y tres minutos seguidos.
También se dice que este mismo señor recibía pagos millonarios para hablar en contra del oficialismo. Y claro, eso hay que analizarlo con mucho cuidado. Porque si lo que decía era cierto, el hecho de recibir un pago no necesariamente lo convierte en deshonesto. Estaría, en todo caso, poniendo su pluma y su conocimiento al servicio de una causa en la que cree. Aunque, nuevamente, hay quienes dicen que ni siquiera escribía sus propios textos. Y eso, tampoco lo sé.
Pero todo esto abre una puerta más grande.
Porque entonces uno empieza a pensar en todos esos influencers con miles de seguidores. En los generadores de contenido. En los llamados líderes de opinión. En los movimientos ciudadanos —como Apacigua tu ser interior— y en los seguidores de figuras políticas, incluyendo al señor presidente de la República que va de salida.
Y ahí es donde quiero hacer un llamado muy simple, muy directo, muy honesto.
No nos creás a ninguno.
Llega un momento en que nos gusta tanto lo que alguien dice, que empezamos a seguirlo sin cuestionar. A asumir que tiene razón. A repetir sus ideas como si fueran propias. Y ahí es donde dejamos de pensar. Y eso, aunque no lo veamos así, tiene consecuencias. Porque así es como se construyen narrativas… y así es como se toman decisiones que luego nos afectan a todos.
Analizá todo. Cada publicación. Cada video. Cada discurso. Cada “verdad” que te llega.
Y ahora hablemos de mí, que es de quien sí puedo hablar con autoridad.
Cada vez que veás algo mío, leelo despacio. Revisá si de verdad va con vos. Si lo creés. Si te hace sentido. Si te genera paz, claridad, reflexión. O si, por el contrario, te está empujando hacia el enojo, hacia la división, hacia la reacción impulsiva. Porque si es lo segundo… entonces no es mío. O al menos no es lo que yo busco generar.
Y solo después de ese filtro, si el contenido se alinea con vos… entonces sí. Asumilo. Integralo. Hacelo tuyo. Pero no antes.
Alguna vez dije que los mensajes en redes sociales son como la carne. Vos hacés el pedido, te llega, la revisás, le quitás la grasa, descartás lo que no sirve… y solo entonces la consumís.
No te comás los pellejos.
Porque hoy más que nunca, la información viene mezclada. Y depende de vos separar lo que nutre de lo que intoxica.
Y para cerrar, te dejo una cita que circula mucho por ahí, y que irónicamente resume todo esto:
“Siempre, siempre, confirmen que es cierto lo que les llega por las redes sociales. Abraham Lincoln.”
Y sí… probablemente tampoco lo dijo.