Como ya lo he dicho antes: insultos, ofensas o cualquier forma de agresión serán eliminados, y quienes insistan en ese camino serán bloqueados. No es un tema personal, es un tema de orden. Este espacio no está para la descarga emocional sin control, sino para la conversación.
Pero hoy quiero decir algo más.
Hay personas —y eso lo reconozco— que escriben bien, que tienen buena ortografía, que se expresan con aparente educación, y que nunca han estado de acuerdo conmigo. O al menos, cuando no lo están, lo hacen saber. Y cuando sí lo están, probablemente prefieren no decirlo. Eso también es válido.
Sin embargo, hay algo que se empieza a notar.
En algunos de esos comentarios, más allá del desacuerdo, pareciera haber una intención de restarle valor a lo que se publica aquí. No de debatir ideas para construir, sino de desarmar punto por punto, de imponer una narrativa distinta, de convertir cada publicación en un campo de disputa constante. Y desde mi punto de vista, eso no es diálogo… es desgaste.
Y ahí es donde pongo un límite.
Si alguien tiene una posición distinta, que la tome, que la desarrolle, que la publique en su propio espacio, que genere su propia conversación. Eso también es parte de la libertad de expresión. Pero este no es un espacio para convertir cada publicación en una batalla interminable de respuestas largas, juicios personales o interpretaciones sobre quién soy o cómo pienso.
No tengo tiempo para eso.
Y no lo digo desde la soberbia, lo digo desde la claridad. Porque mientras algunos están frente a un teclado intentando descalificar, yo estoy en la calle, investigando, reuniéndome, conversando, asistiendo a espacios donde se toman decisiones, escuchando a personas con experiencia en política, democracia, institucionalidad y derechos humanos.
Esto no es solo escribir.
Es trabajo.
Y ese trabajo requiere enfoque.
Estoy cansado de estar tratando de no “resbalarme” en las constantes trampas que me ponen para ver cómo respondo o reacciono, escarbando mis palabras para ver cómo hacerme caer.
Eso, señores, es un irrespeto para alguien que, como yo —sí, como yo— ha construido lo que ha construido con esfuerzo de tiempo, moral, de sueño y financiero, que probablemente muchos no dimensionan.
A ratos quisiera poder dormir cinco horas seguidas y dejar todo esto tirado. Pero no lo hago. Y si mientras estoy despierto, cansado, incluso bostezando, además tengo que estar cuidándome de ese tipo de dinámicas, eso se convierte en un desgaste adicional que no estoy dispuesto a permitir.
Por eso, con respeto pero con firmeza, lo digo así: no voy a entrar en ese tipo de dinámicas. No voy a responder cada intento de descalificación elegante disfrazada de argumento. No voy a perder tiempo en discusiones que no buscan construir.
Cuando haya intención real de conversar, de aportar, de intercambiar ideas desde el respeto y con sustancia, ese espacio siempre estará abierto.
Pero mientras tanto, hay algo más importante que atender.
El país.
Y en eso estoy.