Nuestros candidatos

Queridos amigos y seguidores.

Algunas personas me han preguntado por qué no me he reunido con todos los candidatos para retratarlos desde su parte humana. En algunos casos, incluso, he sentido que esa inquietud viene acompañada de la idea de que tal vez tuve preferencias.

Primero que todo, quiero agradecer algo que considero muy valioso: que pregunten. Que no se queden con la duda. Que quieran entender cómo me muevo y desde dónde escribo. Eso, en sí mismo, habla de una comunidad viva, atenta y consciente.

Dicho eso, quiero aclarar con total honestidad cómo funciona este proceso.

Yo no selecciono candidatos. No filtro por simpatía. No priorizo por afinidad política.

Las reuniones que se han dado han sido, en su mayoría, producto de agendas, tiempos disponibles y coincidencias humanas. Algunas se concretaron con facilidad; otras no fue posible lograrlas, a pesar de intentos reiterados de mi parte. En varios casos escribí, insistí, propuse fechas y envié preguntas. Simplemente no se pudo.

Y eso no es un juicio. Es una realidad logística.

También quiero ser claro en algo más: estas entrevistas no son un derecho adquirido ni una obligación mutua. Yo no persigo a nadie, ni nadie me debe una reunión. Cuando ocurre, ocurre. Cuando no, no pasa nada. Mi intención nunca ha sido “cubrir” a todos, sino conversar con quienes se da la posibilidad real de encontrarnos.

Sí quiero, eso sí, expresar un agradecimiento genuino a las personas con las que sí pude reunirme. No solo por el tiempo, sino por la apertura. En algunos casos, incluso, se dio la posibilidad de conversar también con familiares, en espacios aparte, lo cual valoro profundamente porque habla de confianza y de humanidad, no de cálculo político.

Con todas las personas que he visto —sin excepción— se generó una afinidad cordial, respetuosa y, me atrevería a decir, amistosa. Encuentros donde no hubo poses, ni discursos ensayados, ni necesidad de impresionar. Solo conversaciones reales.

Y a partir de esas conversaciones, quedó algo más valioso todavía: la sensación de que, si cualquiera de esas personas llegara a ocupar la Presidencia de la República, las puertas de Casa Presidencial quedarían abiertas para Apacigua tu ser interior. No como privilegio, no como cercanía al poder, sino como espacio de diálogo, de escucha y de aporte ciudadano desde la calma, la reflexión y la paz.

Además, el enfoque de estas entrevistas no es político en el sentido tradicional. No son para pedir votos, ni para fiscalizar, ni para confrontar. Son espacios humanos. Conversaciones para entender cómo vive una persona el peso de una candidatura, cómo se cuida, qué le duele, qué la mueve y desde dónde se para frente al poder.

Por eso, cuando una entrevista no se da, no significa exclusión ni preferencia. Significa, simplemente, que no se dio el encuentro.

Mi lugar sigue siendo el mismo desde el inicio: la paz, la armonía y la defensa de la democracia.

No estoy jugando a favor de nadie. No estoy jugando en contra de nadie. Estoy caminando con ustedes, tratando de aportar claridad, humanidad y serenidad en un proceso que suele ser ruidoso y desgastante.

Si en algún momento logro reunirme con más candidatos, lo haré con la misma apertura y el mismo respeto. Y si no ocurre, seguiré escribiendo desde donde sí puedo estar: observando, reflexionando y cuidando el tono de la conversación pública.

Ese es mi compromiso. Y ahí me mantengo.

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