
Lo que conversamos esta semana en Apacigua tu ser interior
Del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2025
Esta semana fue intensa, pero profundamente reveladora. En cada publicación, intentamos entender un poco más la raíz de nuestro desconcierto nacional y, al mismo tiempo, encontrar la calma que tanta falta nos hace.
Comenzamos hablando de la mentira como sistema, esa red invisible que se teje cuando los discursos oficiales y los fanatismos intentan reemplazar los hechos. Mientras algunos ponen las armas, otros —los ciudadanos comunes— seguimos poniendo los muertos, la esperanza y la paciencia.
En medio de tanto ruido, reflexionamos también sobre el poder: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, la Contraloría, la Procuraduría, la Sala Constitucional y las Municipalidades. Cada uno con sus luces y sombras, pero todos necesarios para que la democracia funcione. Esa serie nos recordó que no hay república posible sin equilibrio, y que el conocimiento —por básico que parezca— es la primera defensa ante el abuso de poder.
A mitad de semana, nos detuvimos a mirar hacia adentro. Hablamos de cómo apaciguar el ser interior, de ese ejercicio que consiste en salir de uno mismo, observar la escena desde arriba y actuar desde la serenidad, no desde la reacción. Reflexionamos también sobre el intento de convencer al que no se convence, ese desgaste inútil que solo nos aleja de la paz interior.
El viernes llegó con fuerza. Publicamos La silla del misógino, un texto que generó debate, y eso siempre es bueno. No escribimos para tener la razón, sino para mover el pensamiento. También hablamos de el resentimiento y los espejos de la política, un tema que nos confronta a todos, porque cada vez que señalamos con ira, algo de nosotros se está reflejando ahí.
En la serie Irregularidades, repasamos hechos concretos que preocupan: decisiones cuestionables, contrataciones dudosas, silencios peligrosos. Lo hicimos con datos y respeto, porque señalar no es odiar; es ejercer ciudadanía.
Y cerramos la semana agradeciendo. Porque a pesar de la intensidad, la armonía entre quienes participan en este espacio sigue siendo admirable. Hay personas de todos los partidos, de distintas creencias, de diversas formas de ver el país; y sin embargo, reina la serenidad, el respeto y el deseo compartido de un diálogo más digno.
Esta semana entendimos algo simple pero poderoso:
la paz no llega después de la guerra, la paz se construye antes;
no es la consecuencia del silencio, sino la elección consciente de no participar en el ruido.
Gracias por acompañarme en este camino. Gracias por pensar, disentir y leer con el corazón abierto.
Seguimos caminando juntos, sin banderas partidarias, pero con una bandera más grande: la del alma de un país que todavía puede respirar en paz.
Vinicio Jarquín
Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz.