Señora Catalina Crespo, embajadora de Costa Rica ante los Estados Unidos:
Si usted fuera una costarricense más —una persona que se levanta temprano para trabajar, que escucha noticias mientras hace desayuno, que intenta entender este momento político extraño que vivimos— yo podría comprender que estuviera confundida.
Yo podría comprender que dijera cosas imprecisas.
Incluso podría comprender que repitiera frases que escuchó sin analizarlas.
Pero usted no es una costarricense más.
Usted es la voz oficial de Costa Rica en el país más influyente del mundo. Usted es diplomática. Usted conoce los procesos. Y usted sabe perfectamente el peso que tiene cada palabra. Por eso cuesta tanto entender lo que dijo.
Hablar de “derrocar a un presidente”, de “sacar del poder”, de “destituir” y de “amenaza a la democracia costarricense” es algo profundamente irresponsable. Más aún cuando estas frases se dijeron en una reunión con un congresista cercano al presidente Chaves. Una reunión privada, no con el Congreso en pleno, no institucional, no oficial.
Una reunión que ahora viaja por el mundo como si Costa Rica estuviera al borde de un golpe de Estado, cuando lo que tenemos es un procedimiento absolutamente legal, constitucional y normal: un proceso de levantamiento de inmunidad supervisado por el TSE y el Poder Judicial.
Usted no habló como una diplomática. Usted habló como una activista política.
Y cuando una embajadora se convierte en activista, deja de representar a su país para representar a una persona.
A mí, como ciudadano, me preocupa lo que usted hizo. No porque el Congreso de Estados Unidos vaya a malinterpretar nuestra democracia —ellos conocen nuestra historia mejor que muchos aquí—, sino porque, al parecer, usted fabricó una narrativa falsa desde el puesto más delicado de la política exterior costarricense.
Y eso daña a Costa Rica. No a un partido. No a un candidato. A Costa Rica.
Pone en riesgo nuestra imagen, nuestra seriedad, nuestra estabilidad y nuestro prestigio internacional —el mismo prestigio que nos ha abierto puertas, cooperaciones y préstamos durante décadas.
Quizá yo estoy equivocado. Quizá alguien experto en geopolítica me pueda decir que no pasa nada. Pero desde mi casa, comiéndome un gallopinto como cualquier costarricense, leyendo las noticias con toda mi ignorancia en diplomacia, siento una profunda tristeza por ver a nuestra representante reduciendo a este país a un discurso diseñado para servir a un interés personal.
Y sí, puedo estar equivocado. Pero si no lo estoy, entonces lo que usted hizo es gravísimo.
Un abrazo, señora embajadora.
Ojalá las próximas palabras que usted pronuncie fuera del país le hagan honor a Costa Rica… y no a una narrativa política.