
ENTREVISTA
Recientemente me reuní con Eder Hernández. No fue un encuentro inmediato. De hecho, hubo varios intentos previos por coincidir que no se lograron concretar, hasta que finalmente se dio. Y cuando se dio, tuvo un matiz distinto al que yo había imaginado desde el inicio.
La idea original era clara: conversar desde lo humano, desde lo positivo, como lo he venido haciendo en otras entrevistas. Luego, también estaba el interés de llevar la conversación hacia el libro que estoy escribiendo, Fármaco dinámica en la Asamblea, y explorar con él el tema del poder dentro del contexto legislativo. Sin embargo, la realidad —y tal vez también el momento político que atraviesa— llevó la conversación por otro camino.
Fue más personal.
No hubo tanta profundidad en torno al poder como concepto, ni sobre el libro como tal. En cambio, hubo apertura. Mucha más de la que uno podría esperar en un primer encuentro. Hablamos de cómo se siente, de lo que espera, de lo que está viviendo en este proceso de transición. Y eso, en sí mismo, ya es valioso.
Puedo decir, sin sentir que falto a la confidencialidad, que lo percibí esperanzado. Con ganas. Con intención de hacer las cosas bien. Con planes. Eso se nota. Eso se siente. Hay una energía genuina de querer aportar, de querer construir, de asumir el reto que tiene por delante.
Pero también me dejó una sensación más compleja. Y es una percepción personal, no una afirmación absoluta: creo que todavía no es completamente consciente de lo que va a vivir.
No hablo de capacidad, ni de intención. Probablemente haga un buen trabajo. Va con muchas ganas, y eso ya es un punto a favor. Pero el escenario al que está entrando —ese mismo que he venido observando desde distintas conversaciones— es más exigente, más denso, más transformador de lo que muchas veces se alcanza a dimensionar desde afuera.
Es muy joven. Y no es menor. No sé si nunca, o hace mucho tiempo, no salía un diputado tan joven como lo será él al finalizar su periodo. Eso también marca. No como limitación necesariamente, pero sí como contexto. Como punto de partida.
En lo personal, me resultó difícil leerlo. No logré interpretar con claridad todo lo que había detrás de lo que decía. Y no porque estuviera intentando ocultarse, al contrario… tal vez por una transparencia que aún no está filtrada, o por un momento interno que todavía se está ordenando. No lo sé con certeza. Pero me dejó con esa sensación: la de no haberlo terminado de descifrar.
Y eso, lejos de ser negativo, abre una puerta.
Espero que nos volvamos a reunir. Tal vez cuando ya esté en funciones, cuando el rol lo haya atravesado un poco más, cuando la experiencia haya empezado a asentarse. Ahí, probablemente, la conversación será otra.
También percibo que está en un momento de carga. El paso de candidato electo a diputado en ejercicio no es solo un cambio de título, es un cambio de realidad. Y ese tránsito, en sí mismo, puede ser abrumador. Aun así, eso no le quita la posibilidad de hacer un buen trabajo.
Yo, como con otros, pongo una cuota de esperanza. No desde la ingenuidad, sino desde la expectativa de que quienes llegan, independientemente del partido, puedan estar a la altura de lo que el país necesita.
Y con él… esa esperanza está.