
Cuando Costa Rica abolió su ejército en 1948, el mundo entero miró con escepticismo. ¿Cómo podía sobrevivir un país sin fuerzas armadas, en una región marcada por dictaduras, guerras y golpes de Estado? Pero la historia demostró que la decisión de José Figueres Ferrer no fue ingenua: fue visionaria.
Décadas más tarde, esa misma visión inspiró a otras naciones. Y Costa Rica, a través del liderazgo del expresidente Óscar Arias Sánchez, jugó un papel fundamental en la abolición de los ejércitos de Panamá y Haití, dos países que, aunque distintos en su contexto histórico, compartían un deseo: dejar atrás la violencia institucionalizada.
Tras el éxito del Plan de Paz de Centroamérica, Arias asumió una nueva causa: promover el desarme y la eliminación de los ejércitos en países donde estos se habían convertido en instrumentos de represión. Desde la diplomacia, el ejemplo costarricense y su influencia internacional, Arias impulsó conversaciones, asesorías y esfuerzos multilaterales que inspiraron reformas profundas.
En Panamá, tras la caída del régimen militar de Manuel Antonio Noriega, se abrió una oportunidad histórica. El país había sufrido décadas de dictaduras y corrupción asociadas al poder militar. Arias participó activamente en las conversaciones y asesorías internacionales que respaldaron la decisión del gobierno panameño de abolir su ejército en 1994, sustituyéndolo por una fuerza pública civil. Fue un paso valiente que convirtió a Panamá en el segundo país del continente americano sin ejército permanente.
En Haití, el proceso fue distinto, pero el espíritu fue el mismo. Arias, junto con otros premios Nobel de la Paz, promovió una campaña internacional a favor del desmantelamiento del ejército haitiano, que durante años había estado implicado en golpes de Estado y violaciones de derechos humanos.
En 1995, el entonces presidente Jean-Bertrand Aristide tomó la decisión de disolver las Fuerzas Armadas de Haití, un paso que contó con apoyo moral y diplomático del movimiento por la paz liderado por figuras como Arias.
Además, el expresidente costarricense siguió trabajando en el tema global del desarme.
En 1997, junto con otros laureados del Nobel de la Paz, elaboró el Código Internacional de Conducta para las Transferencias de Armas (International Code of Conduct on Arms Transfers), que luego sirvió de base para el Tratado sobre el Comercio de Armas (Arms Trade Treaty), adoptado por las Naciones Unidas en 2013.
El legado es claro: Costa Rica no solo renunció a la guerra, sino que enseñó al mundo que se puede vivir sin ejército, y vivir mejor. Su voz, a través de Óscar Arias, ayudó a que otros países se atrevieran a imaginar un futuro sin armas, sin dictaduras y con más inversión en educación, salud y cultura.
Cada vez que alguien dice que Costa Rica es un país pequeño, vale recordar esto:
un país pequeño puede tener un corazón enorme, capaz de influir en naciones enteras y dejar huellas profundas en la historia de la humanidad.