
La diputada Pilar Cisneros acusó al vocero del Tribunal Supremo de Elecciones por haber dicho, en una entrevista: “la democracia no admite tiranos”. Según ella, el comentario era una referencia directa al presidente Rodrigo Chaves, a quien calificó de “tirano y matón”.
Mi impresión es sencilla, pero preocupada. Primero, con esa reacción, Pilar admite implícitamente que las palabras del vocero le calzan al presidente como anillo al dedo. Nadie se siente aludido por algo que no le aplica. Y segundo, aunque no veo una intención política explícita en el vocero, sí percibo un descuidado enorme al usar esas palabras mientras representa a una institución tan delicada como el TSE.
El oficialismo jugó bien su carta. En plena efervescencia electoral, esta situación crea un dilema perfecto: si el TSE falla a favor del vocero, los oficialistas lo usarán como prueba de que el Tribunal está parcializado; y si lo sanciona, parecerá una rendición ante la presión política. En ambos casos, la credibilidad del Tribunal queda golpeada, que es justamente lo que más daño nos haría como país.
En este contexto, quizás lo más sensato sería que el vocero dé un paso al lado, aunque sea temporalmente. No porque haya cometido un delito, sino porque usó las palabras equivocadas en el momento más equivocado. Costa Rica necesita que el TSE conserve intacta su imagen de serenidad, neutralidad y autoridad moral.
Y es que hay frases que, dichas en otro momento, serían perfectamente válidas. Pero dichas en medio de un clima político inflamable, pueden convertirse en gasolina. La democracia no admite tiranos, sí, pero tampoco admite imprudencias que pongan en riesgo la confianza pública en quienes deben cuidarla.
Ojalá que este episodio nos recuerde a todos —autoridades, políticos y ciudadanos— que cuidar la palabra es también cuidar la patria. Porque a veces, lo que incendia un país no es la intención, sino el descuido.
Nota: Se irán presentando pruebas, así como dimes y diretes, y ante información nueva, por reservo el derecho de cambiar de opinión.