
Hay una veintena —pocos más, pocos menos— de personas que se han postulado a la presidencia de la República.
Algunos lo han hecho movidos por el deseo de servir, otros por ego, por gloria o por poder. No importa. Lo cierto es que se atrevieron a dar un paso que pocos se atreven: someterse al juicio público de todo un país.
Posiblemente vos ya tenés a tu candidato, y con él vas, y con él querés que gane. Tal vez hasta trabajás por su campaña, lo cual está muy bien. Pero te voy a decir algo que no deberíamos olvidar: los demás candidatos, los que no son el tuyo, no merecen tus insultos.
No merecen tus ofensas, tus burlas ni tus malas palabras.
Cuando veás a un candidato en un video, en una entrevista o en una tarima haciendo su trabajo —ese trabajo que consiste en hablarle al país y buscar apoyo—, respetá.
Porque cada frase grosera, cada insulto, cada palabra soez que dejás escrita en una publicación, no dice nada sobre el candidato. Dice mucho sobre vos.
Sobre tus valores. Sobre tu nivel. Sobre lo poco que has aprendido sobre convivencia y ciudadanía.
Y si además esas palabras aparecen debajo de tu nombre, con tu foto y tu perfil, lo que hacés es publicar una biografía no deseada. Le mostrás al mundo el tipo de persona que sos.
A veces ni siquiera hace falta responderte: tus palabras se explican solas.
Podés no estar de acuerdo. Podés discrepar. Podés votar por quien querás.
Pero si vas a hablar del país, hacelo con la altura de alguien que ama al país.
Y además, demostrá que te amás a vos mismo.
Porque si llenás las redes de insultos, lo único que mostrás es que te estás perdiendo el respeto, que no te valorás, y que no entendés que cada palabra que escribís forma parte de tu imagen y de tu alma.
Apaciguá tu ser interior… para que Costa Rica pueda respirar en paz.