Hoy alguien me escribió muy preocupado y me preguntó: “Don Vinicio, si no ayudamos lo suficiente a la campaña con recursos, ¿qué va a pasar con la campaña?”
Quiero responderle a esa persona y a todos ustedes que quizá tienen la misma inquietud, aunque no lo hayan dicho en voz alta.
La campaña va a continuar.
Con apoyo o sin apoyo. Con ingresos o sin ingresos. Con ventas o sin ventas. La campaña seguirá viva hasta el 1 de febrero, aunque yo llegue gateando, aunque me tenga que sostener con café y voluntad, aunque escriba desde el cansancio o desde cualquier rincón donde halle un poco de calma interior.
Las donaciones, las ventas de libros y las compras de otros artículos no son decisivas para que la campaña siga. No son un requisito para que continúe. Son, más bien, un gesto de solidaridad que me permite llevar este ritmo sin deshacerme por dentro; un alivio para la carga, un apoyo para manejar el volumen de trabajo sin que me coma la vida cotidiana.
Pero la campaña no depende de ese apoyo para existir.
Depende de mi compromiso, de su lectura, de la convicción que compartimos, y de esta misión que comenzó como una chispa personal y hoy es un movimiento de miles: apaciguar el ser interior para que Costa Rica pueda respirar en paz.
Así que no se preocupen.
No se angustien por los recursos.
Yo sigo. Yo continúo. Yo termino esto.
Ustedes ayuden si quieren, si pueden, si les nace, si sienten que esta voz también es suya. Si no, igual caminamos juntos.
Esta campaña está diseñada para apaciguar el ser interior y, finalmente, para salvar a Costa Rica. Y queremos salvar a Costa Rica tanto para chavistas como para no chavistas. Aunque los chavistas no nos apoyen —y no tienen por qué hacerlo— también estamos trabajando por el país en el que ellos mismos van a vivir los próximos cuatro años. Lo hacemos por todos, incluso por quienes hoy no lo ven.
Porque esta campaña —nuestra campaña— no se detiene.