Lanzame a los lobos y regresaré siendo el jefe de la manada

Durante muchos años Costa Rica vivió en una paz casi silenciosa. Una paz dulce, cotidiana, de gallo pinto en la mañana, de filas breves, de instituciones que —con sus defectos— funcionaban lo suficiente como para que casi nadie sintiera la necesidad de salir a una plaza a defender nada.

Éramos un país sin grandes luchas en la calle. Sin dictadores. Sin guerras civiles. Sin urgencias que nos obligaran a aprender a pelear por nuestros derechos, porque esos derechos —para la mayoría— simplemente estaban ahí. Nacían con nosotros. Crecían con nosotros. Se daban por sentados.

Claro… no todas las poblaciones tuvieron esa suerte. Las mujeres, los negros, las personas LGBTIQ+, y varias minorías sociales saben lo que es luchar, porque tuvieron que hacerlo para existir con dignidad. Pero el costarricense promedio, ese de clase media cansada, de rutina tranquila, de vida sin grandes sobresaltos, jamás tuvo que defender la democracia con las uñas.

Hasta ahora. Hasta que alguien decidió lanzarnos a los lobos.

Porque eso fue lo que pasó: nos arrojaron a un peligro que nunca habíamos vivido. Nos empujaron hacia un abismo institucional que no conocemos. Nos obligaron a mirar de frente el riesgo de perder lo que nos define: la Constitución, la independencia de los poderes, el respeto a las instituciones, la libertad, la paz. Y algo hermoso ocurrió.

No nos hundimos. No nos escondimos. No nos apagamos. Nos levantamos como manada.

Como lobos que aprenden rápido. Como lobos que no retroceden. Como lobos que, cuando los empujan al borde, regresan más fuertes, más firmes y conscientes de lo que están defendiendo.

Hoy Costa Rica está viendo el nacimiento de una ciudadanía nueva: una ciudadanía sin miedo, sin ingenuidad, sin ese conformismo cómodo de “a mí no me afecta”.
Hoy sabemos que sí nos afecta. A todos.

Por eso regresamos convertidos en algo distinto. Regresamos siendo jefes de la manada. Regresamos organizados. Regresamos decididos. Regresamos dispuestos a defender lo que amamos.

Tal vez ellos tengan su jaguar —rápido, astuto, solitario—, pero nosotros somos muchos lobos juntos. Y cuando la patria corre peligro, la manada entera se alza al mismo tiempo.

No porque queramos pelear. Sino porque no vamos a permitir que nos arrebaten lo que generaciones construyeron con esfuerzo, sangre, estudio y dignidad.

Esta patria es nuestra. Y no la soltaríamos ni, aunque nos lanzaran mil veces más a los lobos.

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