Apaciguar en veda

Queridos costarricenses, hemos entrado en la veda electoral, ese período que coincide con Navidad y Año Nuevo en el que los candidatos a la presidencia de la República no pueden contratar pauta política. La intención es clara y necesaria: darle a la población un respiro. Un espacio sin bombardeo, sin consignas repetidas, sin urgencias fabricadas. Y llega, además, en medio de días que ya de por sí están cargados de algarabía, encuentros familiares, recuerdos, ausencias y emociones intensas. Dichosamente así es, sobre todo en un año marcado por tanta efervescencia política y tanto ruido acumulado.

Se me ocurre que podríamos aprovechar nosotros también esta veda como una oportunidad. No para dejar de pensar, ni para cerrar los ojos, ni para fingir que el país no existe. Sino para apagar un poco el volumen. Para seguir conversando, sí, pero desde otro lugar. Conversar sobre lo que queremos para Costa Rica, sobre nuestras preocupaciones y esperanzas, incluso sobre nuestro candidato de preferencia si así lo sentimos necesario, pero hacerlo sin urgencia, sin pelea y sin ansiedad. Hacerlo desde la paz, desde la tranquilidad, desde ese lugar interno donde todavía es posible escucharse y escuchar al otro sin sentir que todo es una batalla.

Estamos entrando en días que invitan al descanso, al encuentro y a la gratitud. Y por eso me atrevo a proponer un pequeño pacto personal —no impuesto, no moralista—, sino íntimo: no hablar de política, al menos, el 24 y el 25 de diciembre. Tal vez incluso el 31. No porque el tema no importe, sino porque esos días no van a definir una elección. Y porque, siendo honestos, difícilmente vamos a convencer a nuestros seres queridos en medio de una cena, un abrazo o un brindis. A veces insistir ahí no suma; solo desgasta, tensa, rompe algo que después cuesta volver a unir.

Estamos en tiempos de Navidad. Vale la pena recordar qué nos trajo hasta acá y cómo queremos habitar estos días. Hay que recordar que todavía tenemos un país disfrutable. Que hoy vivimos en una Costa Rica de derechos, de institucionalidad, con una Constitución que sigue funcionando y sosteniendo la convivencia democrática, aun en medio de las diferencias. El año entrante será otro momento. Tal vez igual, tal vez mejor, tal vez con nuevos desafíos. Pero ese tiempo llegará después. No todo tiene que resolverse ahora.

Hoy, enfoquémonos en lo que este año es. Agradezcamos por lo que tenemos, por lo que somos, por lo que se ha construido a lo largo de décadas. Agradezcamos a quienes sentaron las bases de esta democracia, a quienes defendieron las instituciones, a quienes hicieron posible que hoy podamos discutir, disentir y elegir en libertad. Agradezcamos también por la vida concreta: por la mesa compartida, por el café caliente, por la risa que aparece sin aviso, por la capacidad —tan subestimada— de pausar y respirar.

Apaciguar el ser interior también es saber cuándo hablar y cuándo callar. Cuándo debatir y cuándo abrazar. Cuándo argumentar y cuándo simplemente estar presentes. Que estos días nos encuentren en paz, conectados con lo esencial, recordando que cuidar el país también empieza por cuidar el clima emocional en el que vivimos.

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