Algunas personas me preguntan constantemente si ya me decidí por quién voy a votar. No porque tengan que hacer lo mismo que yo, sino porque saben que me muevo entre candidatos, partidos y figuras políticas, que converso con personas que conocen la política mucho más que yo y que, quizá, tengo información que podría ayudarles a tomar sus propias decisiones. Entiendo esa curiosidad y la recibo con respeto.
He decidido que contaré por quién voy a votar alrededor del 15 de enero, o tal vez un poco después. No es secretismo por jugar de interesante ni por alimentar misterio. Es una decisión consciente, tomada por razones muy claras. Todavía me queda mucho trabajo por hacer con ustedes y para ustedes: reunirme con distintos candidatos, con partidos, con aspirantes a diputaciones, presidencias y vicepresidencias. Si hoy dijera públicamente por quién voy, mi capacidad de diálogo y mi autoridad frente a esos espacios podrían verse debilitadas. Y eso no le sirve a nadie.
Pero hay algo todavía más honesto que decir: no me he decidido. Tengo candidatos de preferencia, sí. Los sigo con atención, escucho, observo, comparo. Y también sé que llegará un momento en que tendré que elegir no solo con el corazón, sino con la cabeza. Puede pasar que uno me guste más, pero que otro tenga más posibilidades reales de dar la lucha electoral. Y llegado ese punto, votaré por quien considere que puede defender mejor a la patria en el escenario que viene.
Hay una tercera razón, quizá la más importante. En Apacigua tu ser interior estamos juntos. Aquí nadie está amarrado a un nombre ni a una bandera fija. Nos permitimos movernos, dudar, cambiar de opinión y volver a pensar. Si yo anunciara hoy una decisión, esa decisión se “oficializaría” para muchos, aunque no debería. Y por respeto a ese espacio compartido, y también por el disfrute de caminar este proceso con libertad, prefiero esperar.
Cuando lo tenga claro, lo diré. No antes. Espero que lo entiendas. Porque este no es un camino de imposiciones ni de alineamientos ciegos. Es un camino de conciencia, de tiempo y de responsabilidad. Y eso, en democracia, también es una forma de respeto.
