Ustedes están en medio de todo. No opinan desde la gradería ni desde la comodidad del comentario fácil, sino desde el trabajo diario, desde los pasillos, desde los escritorios, desde las ventanillas y desde las decisiones pequeñas que sostienen al país todos los días. Han visto cómo se gobierna cuando hay proyecto, cuando hay rumbo y cuando hay voluntad de construir, y también han visto cómo se gobierna cuando prima la improvisación, el desgaste y el desprecio silencioso por lo público.
Vos, más que nadie, sabés lo que significan los presupuestos con los que se ha trabajado en distintos momentos. Sabés cuándo alcanzan para crecer, capacitar, mejorar y aportar, y cuándo apenas alcanzan para sobrevivir. Has vivido el trato respetuoso y el trato hostil, el reconocimiento y la estigmatización, el orgullo de servir y la sensación amarga de ser señalado como problema cuando en realidad sos parte de la solución.
Desde adentro se ve distinto. Vos conocés los avances que costaron años, los procesos que no se improvisan, las instituciones que no se levantaron de la noche a la mañana. Sabés lo frágil que puede ser el equilibrio institucional cuando se debilitan reglas, se deslegitima el trabajo técnico o se gobierna desde la confrontación en lugar del diálogo. Eso no se aprende en discursos, se aprende trabajando.
Por eso esta no es una carta de reclamo, sino de conciencia. Porque vos sabés, con claridad, lo urgente que es cuidar la democracia cuando se la vive desde dentro. Sabés que sin instituciones fuertes no hay servicios, no hay derechos, no hay garantías. Sabés que la democracia no se defiende solo en los libros, se defiende sosteniendo el sistema todos los días, incluso cuando nadie aplaude.
Este primero de febrero, tu voto no es uno más. Es la voz de alguien que conoce el aparato del Estado, que entiende sus riesgos y su valor. Es una decisión tomada con información, con experiencia y con responsabilidad. Vos sabés lo que está en juego.
Cuidar la democracia también es parte de tu vocación de servicio. Y hoy, más que nunca, esa vocación te llama a decidir con conciencia, serenidad y memoria.
