Seguir aquí también requiere cuidado

Muchas personas me escriben en privado, por Facebook y por WhatsApp, y también en los comentarios de los artículos, para pedirme que no me vaya, que siga aquí, que continúe escribiendo y acompañando. Y quiero decirlo con claridad: esa ha sido la idea desde el inicio. Quedarme con ustedes. Seguir presentes juntos, hasta donde me resulte posible.

Es cierto que el número de seguidores ha bajado. No lo vivo como un abandono, sino como algo comprensible. Bajó la emocionalidad después de las elecciones, y además muchas personas cerraron sus cuentas de Facebook para protegerse de ataques y de un clima que, en algunos casos, se volvió hostil. Eso pasa. Es parte del momento que estamos atravesando.

Hoy el desafío no es la cantidad de personas que leen, sino algo más concreto: el tiempo y los recursos. Yo ya volví de lleno a trabajar, y eso ocupa muchas horas del día. Aun así, sigo escribiendo. Lo que sí cambia es la logística. En otros momentos conté con un asistente que me ayudaba a maquetar los textos, programarlos, compartirlos y verificar que todo estuviera en orden, mientras yo me concentraba en escribir y en responder mensajes, siempre de forma personal. Eso hacía la vida bastante más llevadera.

Esta última semana he estado haciendo todo yo solo. Y, siendo honesto, es casi más trabajo que durante las elecciones. Antes reaccionaba a lo que iba pasando; ahora sostengo varias series en paralelo: Reprogra-amarte, Mindfulness, Carácter fuerte, Desarrollo personal para amas de casa, Descúbrete, Eduquémonos, Las creencias limitantes, además de otras ideas que van surgiendo. Todo eso requiere tiempo, energía y organización.

Yo sigo aquí, incluso cuando algunos me dicen que descanse. No porque no lo necesite, sino porque no quiero bajar la guardia ni dejarlos solos. Y también porque, siendo muy honesto, me gusta este contacto. Me nutre. Me importa. Seguiré haciendo el esfuerzo, aunque con un poco de apoyo todo sería más sostenible.

Durante el período más intenso, cuando el clima emocional estaba más cargado, hubo empujoncitos que ayudaban a cubrir esos gastos operativos y el costo de un asistente que me ayudaba a mantener la página en orden. Hoy sostenerlo se vuelve más cuesta arriba. Si existieran —ojalá de forma periódica, sin importar el monto— estoy seguro de que, sumados a lo que yo pongo, esto podría seguir funcionando con más tranquilidad, yo la ayuda de ese asistente que mantenga la página actualizada, porque yo no sé si podré.

Dicho eso, quiero que algo quede muy claro: con empujoncitos o sin ellos, sigo aquí. En la página de Facebook, en mi muro y en el blog. Y cuando saque la revista que tengo en mente, también será gratuita y sin suscripción, porque no quiero que alguien deje de leer por no poder pagar. Ese no soy yo, y esa no es la esencia de este espacio.

También tengo a la vista algunos proyectos que haré sin cobrar, como trabajar temas de democracia con el Tribunal Supremo de Elecciones. Son iniciativas que me importan profundamente, aunque sin apoyo logístico he tenido que postergarlas un poco.

Esto no es un pedido ni una presión. Es simplemente transparencia. Seguir acompañando, escribiendo y creando también requiere cuidado. Y ese cuidado, como todo en la vida, necesita un equilibrio entre voluntad, tiempo y recursos. Mientras ese equilibrio sea posible, acá sigo. Con ustedes.

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