Según lo publicado por el noticiero de Amelia Rueda, la fracción oficialista decidió dejar por fuera a José Miguel Villalobos de la Comisión de Seguridad y Narcotráfico. Y en medio de tantas decisiones cuestionables que a veces vemos en política, esta, en lo personal, me parece una decisión sensata.
No porque se trate de una persona en particular, ni porque se esté descalificando su trayectoria profesional. Al contrario, precisamente por esa trayectoria es que la decisión cobra sentido. Haber ejercido durante años la defensa de personas vinculadas a delitos de narcotráfico o crimen organizado no es ilegal, es parte del ejercicio del derecho. Pero también es cierto que, en ciertos espacios, las percepciones importan tanto como los hechos.
Y una comisión como la de Seguridad y Narcotráfico no es cualquier comisión.
Es un espacio altamente sensible, donde no solo se toman decisiones, sino donde también se construye confianza. Confianza hacia adentro, entre los actores políticos, y confianza hacia afuera, hacia una ciudadanía que necesita creer que quienes están ahí tienen la independencia, la claridad y la distancia necesarias para abordar temas tan delicados.
Por eso, más allá de cualquier lectura ideológica, esta decisión parece responder a algo básico pero fundamental: cuidar la credibilidad del espacio.
Porque en política, no todo lo que se puede hacer… necesariamente se debe hacer.
Y en este caso, evitar una posible zona gris no es debilidad, es criterio.
No es exclusión, es prudencia.
Y cuando la prudencia aparece en la toma de decisiones públicas, vale la pena reconocerlo.