15 de abril del 2026

Hoy ha sido un día extraño, diferente, de esos que no terminan de encajar con el ritmo que he venido llevando durante meses. Solo trabajé unos minutos en la noche en Apacigua, y eso no me pasaba desde octubre. Me senté frente a la computadora, revisé lo que había, hice un par de cosas… y me levanté. Sin presión, sin urgencia, sin esa sensación constante de que todo depende de que yo siga empujando. Fue raro. Pero al mismo tiempo… fue necesario.

En la mañana di clases, y en la tarde me permití volver a algo que tenía tiempo de no tocar con calma: el arte. Hice algunas cosas, sin prisa, sin objetivo claro, solo por el hecho de hacerlo. También hice una siesta. Una pausa real, profunda, de esas que no se negocian, que llegan y uno simplemente las acepta. Fue un día distinto, no porque haya pasado algo extraordinario, sino porque la forma en que lo viví fue completamente otra.

Y en medio de esa diferencia, hay algo que no se va. Sigo pensando en el país. En lo que viene. En estas próximas semanas, en estos próximos años. En cómo vamos a reaccionar ante lo que nos toca vivir. En si vamos a lograr sostenernos desde un lugar más sereno, más consciente, más apaciguado… o si, por el contrario, nos vamos a dejar arrastrar por todo lo que ya empieza a moverse con fuerza. No tengo respuestas claras. Solo preguntas. Y tal vez eso también es parte del momento que estoy atravesando.

Porque hay etapas en las que uno empuja, construye, sostiene, insiste… y hay otras en las que uno observa. En las que baja el ritmo. En las que se permite mirar desde otro lugar, no necesariamente más cómodo, pero sí más silencioso. Hoy fue un día así. No sé si es una pausa, no sé si es un cambio, no sé si es simplemente el cuerpo y la mente pidiendo espacio después de tanto… pero algo es distinto, y lo puedo sentir.

Y también hay una intuición que empieza a tomar forma. Siento que, en los próximos días, me voy a dedicar un poco más a escribir. A retomar algunos libros que tengo pendientes, a volver a ese espacio más íntimo, más mío, donde las cosas no se empujan… se dejan salir. Tal vez ahí, en ese lugar más tranquilo, más profundo, pueda ordenar mejor todo lo que estoy viviendo y todo lo que viene.

Y por ahora, sin tratar de definirlo todo, sin apurar conclusiones… simplemente lo dejo ser.

Un abrazo a todos.

Me voy a ver tele.

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