¿Gobernar sin explicar?

Una de las mayores fortalezas de una democracia no es que quienes gobiernan puedan tomar decisiones. Eso ocurre en cualquier sistema. La verdadera diferencia está en que, en una democracia, esas decisiones deben poder explicarse.

No basta con tener los votos. No basta con tener la mayoría. No basta con que una decisión sea legal. Cuando se ejerce el poder, especialmente utilizando recursos públicos o tomando decisiones que afectan las instituciones del país, existe un deber aún más importante: rendir cuentas.

Durante las últimas semanas hemos visto cómo la fracción oficialista rechazó candidaturas para magistrados suplentes sin ofrecer al país una explicación clara de los criterios utilizados. No se trata de defender o cuestionar a las personas postuladas. Se trata de algo mucho más sencillo: saber por qué.

¿Por qué sí unos y no otros? ¿Cuáles fueron los criterios? ¿Qué elementos pesaron en la decisión? Son preguntas completamente normales en una República.

Ahora conocemos otra noticia. La fracción del Partido Pueblo Soberano contrató como asesores legislativos a varios creadores de contenido con amplia presencia en redes sociales y afinidad con el oficialismo. El jefe de fracción explicó que no fueron contratados por ser influencers, sino por otras capacidades, y que la actividad que realizan en sus redes sociales corresponde a un ámbito estrictamente personal.

Esa explicación existe, pero inevitablemente abre nuevas preguntas. ¿Cuáles fueron esas capacidades? ¿Qué experiencia profesional específica se valoró? ¿Qué funciones desempeñarán exactamente? ¿Cómo se medirá su trabajo? ¿Por qué ellos y no otros candidatos?

No hay nada que impida que una persona dedicada a la comunicación digital pueda desempeñar un cargo público. El debate no debería centrarse en su profesión. El debate debería centrarse en la transparencia de las decisiones.

Porque cuando los recursos son públicos, las explicaciones también deberían ser públicas.

Y aquí aparece un patrón que merece reflexión. No es solamente el tema de los magistrados suplentes. No es solamente el tema de los asesores. Es la sensación de que cada vez resulta más frecuente que las decisiones simplemente se anuncien, sin sentir la obligación de justificarlas ante la ciudadanía.

Qué fácil resulta gobernar cuando uno no tiene que explicar por qué vota de una forma. Qué fácil resulta gobernar cuando uno no tiene que explicar por qué contrata a determinadas personas. Qué fácil resulta.

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