Sea fiscal de su voto

Señor chavista, si usted votó por el continuismo, quiero comenzar diciéndole algo que tal vez le sorprenda: respeto completamente ese derecho. Las elecciones terminaron, el Tribunal Supremo de Elecciones declaró un ganador y, para quienes creemos en la democracia, ese resultado se respeta. Ese capítulo está cerrado. Costa Rica decidió y quienes pensábamos diferente aceptamos el resultado porque creemos en las instituciones y en las reglas del juego. Pero aceptar un resultado electoral no significa renunciar al derecho —ni al deber— de fiscalizar al gobierno. Todo lo contrario. Ahí es donde comienza la democracia de verdad.

Muchos ciudadanos creen que el día de las elecciones es el día más importante de la democracia. Yo creo exactamente lo contrario. El día más importante es el siguiente. Porque una vez que un gobierno es electo, deja de ser únicamente el gobierno de quienes votaron por él. Se convierte en el gobierno de todos los costarricenses. Y, al mismo tiempo, quienes votaron por él dejan de ser simples votantes para convertirse en fiscalizadores de ese mandato. Eso es algo que muchas personas parecen no haber entendido.

En cualquier país democrático, la oposición existe para observar, analizar, estudiar, cuestionar, fiscalizar y, cuando considera que algo puede perjudicar al país, tratar de detenerlo, modificarlo o mejorarlo. Esa no es una conducta antidemocrática. Es exactamente el papel que le corresponde desempeñar. Los pesos y contrapesos no son un obstáculo para un gobierno; son una garantía para los ciudadanos. Lo normal en una democracia madura es que quienes ganan las elecciones entiendan eso y hasta agradezcan que exista una oposición vigilante. Porque si la oposición logra evitar una mala decisión, mejorar un proyecto de ley, proteger una institución o impedir un abuso, los beneficiados no serán únicamente quienes votaron por ella. También lo será usted. También se protegerán sus derechos. También podrían protegerse sus finanzas, su tranquilidad, la educación de sus hijos, su acceso a la salud o su seguridad.

Por eso me cuesta entender que algunos seguidores del oficialismo reaccionen con tanta agresividad cada vez que alguien cuestiona al gobierno. Pareciera que consideran que ganar una elección significa gobernar sin preguntas, sin análisis y sin oposición. Y no. Precisamente porque ganaron, deberían sentirse tranquilos de que exista gente dedicada a revisar, estudiar y señalar aquello que considera que puede hacerle daño al país. Mientras algunos atacan a quienes cuestionan al gobierno, hay personas dedicando horas interminables a leer expedientes, estudiar proyectos de ley, hablar con especialistas, consultar diputados, exdiputados, magistrados, académicos y funcionarios, intentando rescatar lo que todavía pueda rescatarse. Y lo hacen, incluso, por quienes hoy los atacan. Porque cuando se protege una institución o se evita una mala decisión, no se protege únicamente a la oposición. Se protege también al oficialista.

Hay otro fenómeno que sí me preocupa profundamente. Siempre existe un pequeño grupo de personas que deja de seguir un proyecto de país para empezar a seguir a una persona. Ya no analizan. Ya no estudian. Ya no comparan argumentos. Ya no buscan distintas fuentes de información. Simplemente siguen al líder porque les gusta. Porque conecta con ellos. Porque los emociona. Porque sienten que los representa. Y cualquier cosa que diga o haga les parece correcta, aunque ayer hubieran defendido exactamente lo contrario. Eso es muy peligroso para cualquier democracia. Porque una democracia necesita ciudadanos que piensen, no ciudadanos que deleguen su pensamiento. Uno puede admirar a un presidente, a un diputado o a cualquier líder político. Lo que no debería hacer es entregarles también su criterio.

Siempre me pregunto qué ocurre cuando una persona sigue defendiendo un gobierno aunque su propia vida vaya empeorando. Cuando los ingresos ya no alcanzan. Cuando la inseguridad aumenta. Cuando las promesas siguen sin cumplirse. Cuando la calidad de vida no mejora. Y aun así continúa defendiendo cada decisión con el mismo entusiasmo. Tal vez no quiere aceptar que pudo haberse equivocado. Tal vez siente un afecto tan fuerte por ese liderazgo que le cuesta cuestionarlo. O tal vez simplemente no se ha detenido a analizar lo que está ocurriendo. Sea cual sea la razón, esa actitud termina perjudicándolo a él mismo.

Si usted votó por este gobierno, está bien. Puedo entender perfectamente que haya depositado su esperanza en un proyecto político y que creyera que era la mejor opción para Costa Rica. Lo que no puedo entender es que no sea fiscal de ese voto. Usted les dio un trabajo. Ahora pídales cuentas. Exíjales transparencia. Exíjales resultados. Exíjales mejor calidad de vida para usted y para los suyos. Exíjales que cumplan las promesas que hicieron durante la campaña. Porque si después de votar usted deja de exigir, entonces el voto pierde gran parte de su valor democrático. No les entregó solamente un respaldo. Les entregó una responsabilidad. Y las responsabilidades se supervisan.

Pero este mensaje también es para quienes pensamos distinto. Nosotros tampoco podemos creer que hacer patria consiste únicamente en escribir comentarios en redes sociales o discutir con desconocidos detrás de una pantalla. Eso muchas veces no pasa de ser un placebo. Nos hace sentir que estamos participando, pero participar es otra cosa. Participar es organizarse. Es estudiar. Es ofrecer tiempo. Es apoyar movimientos ciudadanos. Es colaborar con quienes están trabajando. Es aportar conocimientos. Es donar cuando un proyecto serio necesita recursos. Es preguntarle a quienes están dedicando su vida a una causa qué necesitan para seguir adelante. Porque detrás de muchos movimientos ciudadanos, organizaciones, iniciativas cívicas y personas que hoy trabajan por Costa Rica hay seres humanos que sacrifican tiempo, ingresos, descanso y tranquilidad para sostener aquello en lo que creen. ¿Cuántas veces les hemos preguntado qué necesitan? ¿Cuántas veces les hemos preguntado de qué viven? ¿Cuántas veces les hemos preguntado cuántas horas trabajan? ¿Cuántas veces les hemos preguntado si necesitan ayuda? Es muy fácil aplaudir desde el sillón. Es mucho más difícil levantarse y cargar una parte del peso.

Así que, señor chavista, siga siendo chavista si esa es su convicción. Sea oficialista si cree que ese gobierno es el mejor para Costa Rica. Pero no deje de pensar. No deje de analizar. No deje de exigir. No renuncie al derecho de fiscalizar a quienes usted mismo eligió. Porque el verdadero patriotismo no consiste en defender siempre al gobierno. Consiste en defender siempre a Costa Rica. Y a veces, para defender a Costa Rica, hay que exigirle más al gobierno por el que uno votó que al gobierno por el que nunca habría votado. No renuncie a ese deber. Porque el día que un ciudadano deja de fiscalizar el voto que emitió, deja de fortalecer la democracia y comienza a debilitarla. Y eso, al final, nos perjudica a todos.

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