¿Qué será ahombrearse?

“Ahómbrese”, le habría dicho quien hoy es expresidente de la República y ministro de Hacienda a don Carlo Díaz, fiscal general de la República, según lo relatado públicamente por el propio fiscal. Y la frase, más allá del tono con que haya sido pronunciada, me dejó pensando. Porque uno puede utilizar muchas palabras para cuestionar a otra persona, pero cuando le dice a un hombre que se “ahombre”, inevitablemente está poniendo sobre la mesa una definición de hombría. Entonces me pregunto: ¿qué será ser hombre? ¿Qué será ahombrearse? ¿Será hablar fuerte, desafiar, mostrarse duro, utilizar palabras que sugieren que el otro tiene miedo? ¿O será que ahombrearse tiene mucho más que ver con asumir responsabilidades, enfrentar consecuencias, sostener decisiones difíciles y presentarse personalmente cuando las circunstancias se ponen complicadas?
Hace poco vimos imágenes de don Carlo Díaz con chaleco antibalas, participando personalmente en un operativo relacionado con una de las investigaciones más relevantes que hemos visto recientemente en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. No estaba opinando desde un escritorio ni lanzando frases desde la comodidad de una conferencia de prensa. Estaba ahí, en medio de una operación delicada, asumiendo la responsabilidad que corresponde a su cargo y exponiéndose a los riesgos que inevitablemente acompañan ciertas decisiones. Independientemente de las simpatías o antipatías que cada quien pueda tener hacia el fiscal general, cuesta mirar esas imágenes y pensar que lo que le faltaba en ese momento era “ahombrearse”. Y es precisamente por eso que aquella frase vuelve a mi cabeza, pero ahora acompañada de una imagen que inevitablemente obliga a preguntarse qué entendemos realmente por valentía, responsabilidad y hombría.
Porque quien supuestamente le pidió al fiscal que se “ahombrara” es, al mismo tiempo, una persona que cuenta con protección de seguridad. Y no cuestiono que alguien pueda necesitarla si existe una valoración técnica que determine un riesgo real. Lo que me pregunto es algo mucho más sencillo: ¿quién necesita realmente protección?, ¿quién determina esa necesidad?, ¿con qué criterios?, ¿por cuánto tiempo?, ¿y quién debería pagarla cuando la protección deja de responder al ejercicio de un cargo y comienza a parecer una necesidad particular? Porque estamos hablando de alguien que fue presidente de la República y que actualmente ocupa el Ministerio de Hacienda, en un país en el que no vemos normalmente a expresidentes ni a ministros desplazándose permanentemente rodeados de escoltas. Y si existe una circunstancia extraordinaria que justifique esa protección, sería interesante conocerla; pero si se trata de una necesidad estrictamente personal, también resulta legítimo preguntarse por qué esa seguridad debe ser asumida con recursos públicos.
Y entonces vuelvo a la palabra: “ahómbrese”. Tal vez el problema sea que durante demasiado tiempo hemos confundido la hombría con la bravata. Hemos construido una idea según la cual ser hombre consiste en hablar más fuerte, imponerse, desafiar, provocar, demostrar que uno no tiene miedo o insinuar que quien piensa diferente carece de valor. Yo creo que puede ser exactamente lo contrario. Sentir miedo no vuelve menos hombre a nadie, de la misma manera que tener seguridad alrededor tampoco convierte automáticamente a alguien en cobarde. La valentía no consiste en la ausencia de miedo; consiste en comprender el riesgo, asumirlo cuando corresponde y hacer aquello que uno tiene la responsabilidad de hacer. Y posiblemente también consiste en saber cuándo una responsabilidad es nuestra, cuándo debemos dar la cara y cuándo nuestras palabras tendrán que ser respaldadas posteriormente por nuestros propios actos.
Por eso aquella expresión me resulta hoy mucho más interesante que cuando fue pronunciada. Tenemos, por un lado, la imagen reciente de un fiscal general con chaleco antibalas participando en un operativo contra estructuras criminales y, por otro, la de quien alguna vez le habría dicho que se “ahombrara” contando con una escolta que lo protege. No necesito decir cuál de los dos es más valiente, ni mucho menos cuál es “más hombre”, porque probablemente ese tampoco debería ser el debate. Lo verdaderamente interesante es preguntarnos qué estamos premiando cuando utilizamos ese tipo de expresiones y qué concepto de fortaleza estamos transmitiendo. Porque una cosa es parecer fuerte y otra muy diferente es serlo; una cosa es hablar de valentía y otra tener que ejercerla cuando las circunstancias dejan de ser cómodas.
Quizás, entonces, ahombrearse no tenga absolutamente nada que ver con levantar la voz, desafiar públicamente a alguien o pronunciar frases destinadas a disminuirlo. Quizás ahombrearse sea asumir las consecuencias de nuestras decisiones, cumplir con nuestra responsabilidad aun cuando existe riesgo, no esconderse detrás del poder que circunstancialmente tenemos y estar dispuesto a poner el cuerpo donde antes pusimos las palabras. Y si esa fuera la definición, posiblemente la hombría no se demuestra diciéndole a otro que se ahombre. Se demuestra. Y algunas veces basta una fotografía para preguntarse quién estaba haciendo qué.