Costa Rica se levanta

Como naipes, una tras otra, han ido cayendo democracias en América Latina. Vivimos en una región de la que muchas veces hemos querido sentirnos diferentes, orgullosos de nuestra historia, de nuestras instituciones y de nuestra manera de resolver los conflictos. Hoy nos corresponde demostrar que esa diferencia no era solamente algo que decíamos, sino algo que verdaderamente somos.

El enemigo de la democracia no siempre nace dentro de nuestras fronteras. A veces viene desde afuera y encuentra, entre nosotros, a quienes están dispuestos a abrirle las puertas. Pero esta Costa Rica no fue un regalo. No apareció por casualidad ni se construyó de la noche a la mañana. Fue levantada con el esfuerzo, la inteligencia, el sacrificio y la visión de hombres y mujeres que comprendieron que una patria no se hereda solamente: también se defiende, se cuida y se construye todos los días.

Hoy recordamos a quienes nos dieron garantías sociales, leyes y una Constitución Política. Recordamos a quienes entendieron que la salud debía ser un derecho, que la educación debía llegar a todos y que nuestras instituciones debían estar por encima de los intereses particulares. Recordamos a quienes tuvieron la valentía de imaginar una Costa Rica distinta y, sobre todo, el coraje de construirla.

Y es precisamente inspirados en ellos, pero también pensando en los muchachos que vienen detrás de nosotros, que hoy levantamos la mirada. Porque no estamos defendiendo solamente lo que recibimos, sino también lo que tenemos la obligación de entregar a las próximas generaciones.

Hoy Costa Rica se pone de pie para respaldar la independencia del Poder Judicial, uno de los pilares fundamentales de nuestra República. Un poder que, en estos momentos de tensión, representa una de nuestras principales líneas de defensa institucional, junto con la Asamblea Legislativa y quienes, desde sus distintas responsabilidades, trabajan para preservar el equilibrio de poderes y el respeto a nuestra Constitución.

No tenemos ejército, y esa ha sido una de nuestras mayores fortalezas. Pero tenemos leyes, instituciones, una Constitución y ciudadanos capaces de defender pacíficamente aquello que tantas generaciones se esforzaron por construir.

Adelante, ticos. No es momento de rendirnos, ni de resignarnos, ni de olvidar de dónde venimos. Es momento de ponernos de pie, de recuperar nuestra confianza y de asumir la responsabilidad histórica que nos corresponde.

Porque Costa Rica no ha muerto. Porque la República sigue viva mientras existan costarricenses dispuestos a cuidarla.

¡Adelante, Costa Rica! Es hora de construir una nueva República.

Por Vinicio Jarquín

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