El cansancio moral de un país decente

No todo cansancio se nota en el cuerpo. Hay un cansancio más profundo, invisible, que no se cura con dormir ni con vacaciones. Es el cansancio moral: el que nace de ver cómo la decencia se ha vuelto una rareza, cómo el respeto perdió prestigio, y cómo la vulgaridad, la mentira y la soberbia se han convertido en entretenimiento nacional.

Costa Rica está cansada. No de trabajar, sino de soportar. Cansada del grito permanente, del insulto como argumento, del cinismo disfrazado de autenticidad. Cansada de ver cómo cada día se normaliza un poco más lo que antes nos habría dado vergüenza.

No se trata de nostalgia por el pasado, sino de dignidad. De esa dignidad que aún habita en la mayoría silenciosa, la que sigue cumpliendo con sus deberes, pagando impuestos, ayudando al vecino, criando hijos con valores. Esa gente que no sale en titulares porque no hace escándalo, pero que sostiene el país en silencio.

El problema es que esa mayoría está agotada. Ya no quiere discutir, ya no quiere defender lo obvio. Se ha replegado a su vida privada porque el espacio público se volvió inhabitable. Y en ese retiro silencioso, el país se está quedando sin voz. Porque cuando los decentes se cansan, los cínicos celebran.

El cansancio moral no nace del fracaso, sino de la repetición de la decepción. De ver que nada cambia porque quienes gritan más fuerte terminan imponiéndose. De constatar que la sensatez no genera clics, que la cortesía no vende, que la verdad no compite con el escándalo.

Hay días en que uno siente que el país perdió el alma. Que lo que alguna vez nos hacía sentir orgullosos —el respeto, la educación, la paz— se ha ido desdibujando en un paisaje de insultos y soberbia. Y sin embargo, en medio de todo eso, todavía hay gente que sigue creyendo. Que no se rinde. Que aún se emociona al ver una bandera ondear.

Tal vez no se trate de recuperar la Costa Rica que fuimos, sino de rescatar la Costa Rica que somos cuando nadie nos ve: esa que ayuda sin pedir cámaras, que escucha sin interrumpir, que conversa sin ofender. Esa que todavía existe, pero que está exhausta.

El desafío ahora no es despertar la furia de los que odian, sino reanimar la esperanza de los que se cansaron de amar un país que parece no amarse a sí mismo.

El cansancio moral de un país decente no es señal de derrota. Es una pausa necesaria. Es el alma del pueblo respirando antes de volver a ponerse de pie. Porque cuando la decencia descansa, no muere. Solo toma impulso.

Y algún día, cuando el ruido se apague, volverá a hablar.

7 comentarios en “El cansancio moral de un país decente”

    1. Excelente comentario. Estamos cansados y hasta exhaustos de ver como la gente inteligente se han contaminado de lo vulgar, de lo pachuco, de lo soez. Ya no piensan o reflexionan con el cerebro sino con el hígado. Van con el chavismo porque despotrican contra el «stablisment», y no por las ideas del chavismo, que a la fecha no sabemos cuáles son.

  1. Miguel Gutiérrez Rodríguez

    Excelente artículo, interpreta una realidad de la que los ciudadanos demócratas y que somos producto de las oportunidades que se nos abrieron a raíz de las políticas públicas inclusivas en educación, salud, y otros programas como asignaciones familiares, y que el actual gobierno populista ha calificado como los 75 años de dictadura de los ticos con corona, fueron los años más fructíferos en oportunidades de ascenso social que hemos tenido. Que hay espacio de mejora en democracia lo hay, pero no es destruyendo lo bueno que se ha hecho como vamos a salir adelante. Basta ya de demagogia barata.

  2. Excelente análisis. Leyéndolo me sentí interpretada y a la vez me despertó el sentimiento de que no todo está perdido. Estos espacios, la divulgación de textos como este, el fomento de conversaciones respetuosas, las reuniones con vecinos, colegas de trabajo, las conversaciones con los padres y madres de nuestros hijos en la escuela, los coloquios en la feria del agricultor o en la fila de retiro de medicinas en el Ebais.
    En todos esos espacios de relaciones sociales, busquemos propiciar conversaciones sanas, positivas y propositivas y estoy segura de que poco a poco nos iremos liberando del cansancio. Volvamos a sonreír.
    Desde mis 70 años no pierdo el optimismo.

  3. Edgar Sanabria Sánchez

    Una descripción bastante «light» de lo que en realidad sucede en el país.
    Si nos ponemos a analizar más profundamente nuestra situación político-social en nuestra CR de hoy, llegamos a varias conclusiones que no son tan «light» ni son tan «plato de babas» como lo insinúa el autor, sino una «REALIDAD MÁS CRUDA»:
    Ejemplos:
    》Legislaciones anteriores del PLN nos decapitaron el derecho al REFERENDUM. En Suiza hay uno cada mes!
    》La Red de Cuido del PLN existe, ha actuado y sigue actuando.
    》Nuestra INSTITUCIONALIDAD ha sido INFILTRADA, COMPROMETIDA Y VULNERADA. Nuestras más preciadas Instituciones como el TSE actúan siguiendo una agenda que NO es precisamente «honesta». El intento de Eugenia Zamora y Rodrigo Arias de IMPONER a huevo y sin la venia del Congreso de un sistema de voto electrónico, propenso a manipulación, lo dice todo.
    Eso, sin mencionar la parcialidad liberacionista que han demostrado sus integrantes. Ex-empleadas de los Arias.
    》La incapacidad moral, la falta de decencia y la ausencia cultural y profesional de la bancada legislativa del PLN y la de oposición es BOCHORNOSA.
    Con solo darnos cuenta de la remoción de «US visas» a funcionarios públicos de la oposición legislativa más al dizque exponente del PLN, premio de la «paloma», nos descubre una corrupción galopante en ese partiducho que todavía se afianza en el poder gracias a la infiltración nociva y maliciosa del PLN en nuestra INSTITUCIONALIDAD.
    》El «cansancio» que menciona el autor yo lo resumiría en un 80% del padrón electoral que no solo le dió la presidencia a Chaves Robles, sino que hoy le otorga una cifra porcentual similar en su función y en su popularidad. ESA ES LA OPINIÓN DEL PUEBLO. Y aunque a la oposición no le guste, EL PUEBLO ES EL SOBERANO Y ES EL QUE MANDA.
    Y ese pueblo no anda en remilgos ni en playadas de que el presidente es un bocón o un grosero o un mal hablado. No, no y no!!!
    Ese presidente habla como se debe, con agallas, sin tapujos ni compromisos mariconcitos ni con temores de que se resienta la vecina por lo que dije y le caiga mal.
    No, no señor! La verdad se dice tajantemente sin rodeos y sin miedos y sin compromisos. Cuando un pueblo ha sido flagelado, engañado y vilipendiado como lo ha hecho la Red de Cuido del PLN, en CR, la forma del discurso para denunciar el abuso deja a un lado el decoro, el protocolo, la diplomacia y el temor al no ofender; LA VERDAD NO PECA PERO INCOMODA, y el que se queja de que la forma de decir la verdad es «brusco o grosero» es porque esa verdad está atentando contra su corrupción, sus intereses o sus malas intenciones. Es decir, ese quejoso de que nuestro Presidente es un malcriado, es parte del problema y de la crisis, y no es parte de la solución.

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