Antes de votar, pensemos qué país queremos volver a ser

Cada elección es un espejo. En él no solo vemos a los candidatos, sino lo que somos como sociedad: lo que valoramos, lo que toleramos y lo que estamos dispuestos a repetir. Votar no es elegir a una persona, es elegir un modo de país.

En tiempos de ruido, el voto consciente se ha vuelto un acto de resistencia. No porque falten opciones, sino porque sobran espejismos. Promesas fáciles, discursos que apelan al enojo, liderazgos que confunden firmeza con soberbia. Nos hemos acostumbrado a confundir el tono fuerte con la autoridad, la arrogancia con la valentía, la confrontación con el liderazgo.

Pero un país no se construye a gritos. Se construye con calma, con respeto, con sensatez. Se construye con personas que sepan escuchar antes de hablar, que entiendan que el poder no es un escenario, sino un servicio.

Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita serenidad. No más líderes que vivan del conflicto, ni herederos de la confrontación. Necesitamos alguien que una sin humillar, que respete sin debilitarse, que gobierne sin convertir la política en espectáculo. La decencia, aunque parezca pasada de moda, sigue siendo el cimiento más sólido de una nación.

No se trata de mirar el pasado con nostalgia ni de idealizar a nadie. Se trata de recordar qué nos trajo hasta aquí: la educación, la honestidad, el respeto institucional, la palabra cumplida. Esas fueron nuestras verdaderas fortalezas, no el grito ni la desconfianza.

Por eso, antes de votar, conviene detenerse un momento y mirar más allá de los discursos y las sonrisas de campaña. Preguntarse:

¿Esta persona inspira confianza o temor? ¿Su tono eleva el diálogo o lo degrada? ¿Representa progreso o simple continuidad de lo que nos divide?

Un voto responsable no elige al que promete más, sino al que engaña menos. No busca el aplauso inmediato, sino la coherencia silenciosa.

El país no necesita más ídolos momentáneos. Necesita liderazgos maduros, con temple, con educación, con conciencia. Gente que entienda que gobernar no es destruir al que piensa distinto, sino proteger la posibilidad de que todos pensemos distinto sin miedo.

Si votamos desde la rabia, el resultado será más rabia. Si votamos desde la calma, el resultado será esperanza. La elección no es solo entre nombres; es entre dos formas de país: el del ruido y la arrogancia, o el del respeto y la inteligencia.

Costa Rica no está perdida. Solo está cansada. Pero el cansancio no puede ser excusa para votar por lo mismo. Que esta vez el voto no sea un grito, sino una reflexión. Que no sea un castigo, sino una elección.

Porque un país no se salva con furia. Se salva con conciencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio