
Qué pereza con algunos candidatos, y diré nombres.
Doña Laura Fernández, del continuismo, tiene varios detallitos que no le ayudan. Una firma en el aire, querer lanzar su campaña —según dicen algunos— desde la Basílica de la Virgen de los Ángeles, y luego un escándalo por un micrófono que aparentemente le pusieron en su oficina.
Nada de esto me consta, pero lo del micrófono fue difícil de creer. Hubo muchos memes, comentarios, y algunas personas que decían que iban con ella se bajaron del tren. Pareció un show.
Esta mañana vi un video de Ariel Robles, del Frente Amplio, haciendo una parodia de buscar micrófonos en su oficina, burlándose de la situación. Y honestamente, me pareció infantil.
Lo de don Ariel, que me gusta como candidato, también me parece feo. Primero, porque creo que doña Laura —que no me gusta para candidata— es, al fin y al cabo, una aspirante a la Presidencia de la República, y no podemos empezar con estas faltas de respeto. Y segundo, porque Ariel también es candidato a la Presidencia, un puesto donde ocupamos a un adulto, no a un niño burlón o payaso.
Esto se está poniendo de bajo calibre. La política no debería ser un concurso de sarcasmos, ni un escenario de parodias, sino un espacio de altura, donde la inteligencia y el respeto marquen la diferencia.