
Hay personas que pasan por la vida haciendo cosas enormes… sin hacer ruido. Sin buscar protagonismo. Sin construir una imagen alrededor de lo que hacen. Y, muchas veces, sin que siquiera nos demos cuenta, están ahí, sosteniendo procesos, resolviendo, ayudando, aportando a que la vida de otros pueda seguir avanzando con un poco más de orden, de estabilidad… o incluso de dignidad.
Alexander Solís es una de esas personas. Fue presidente de la Comisión Nacional de Emergencias en uno de los momentos más complejos que ha vivido este país y el mundo entero: la pandemia. Y aunque muchos no lo tengamos tan claro, desde ese rol ayudó a que muchísimos costarricenses pudieran comer en medio de ese tiempo oscuro, incierto, difícil.
Hoy la vida le pone una pausa distinta. Un derrame isquémico, ocurrido a mediados de febrero, lo llevó primero al Hospital San Juan de Dios y ahora al Centro Nacional de Rehabilitación, donde continúa su proceso. Su estado de salud, según ha confirmado su esposa, la periodista Mariana Soto, es muy bueno. Hay afectaciones, sí… en la coordinación de sus extremidades izquierdas, en la deglución… pero también hay algo muy importante: está en proceso de recuperación. Está en terapia. Está dando la pelea desde otro lugar. Uno mucho más silencioso, mucho más íntimo… pero no por eso menos valiente.
Y aquí es donde vale la pena detenerse un momento.
Porque muchas veces, quienes más han aportado en nuestros momentos difíciles, no siempre reciben la atención cuando les toca atravesar los suyos. No generan titulares. No hacen ruido. No están en el foco constante de la conversación. Y entonces, casi sin querer, pasan a un segundo plano… justo cuando más sentido tendría recordarlos, nombrarlos, acompañarlos.
Quienes ayudan en silencio… deberían ser sostenidos en silencio también, pero con la misma fuerza.
Desde Apacigua, y también a título personal, quiero hacer ese reconocimiento. No desde la política, no desde la posición, sino desde lo humano. Desde la gratitud. Por lo que fue, por lo que hizo, por lo que aportó en un momento donde muchos lo necesitaban, incluso sin saberlo. Y hoy, desde ese mismo lugar, extender un mensaje claro, sencillo, pero profundamente sentido: gracias… y que la recuperación sea pronta, firme y completa.
Porque hay momentos en los que no se trata de debatir, ni de opinar, ni de analizar… se trata simplemente de acompañar.