Siempre hemos tenido problemas como patria, como nación y como sociedad. No es la primera vez que Costa Rica atraviesa momentos difíciles, ni será la última. Pero hoy muchos sentimos que algunas cosas están cambiando de una manera que no nos gusta, que nos preocupa y que nos obliga a preguntarnos qué podemos hacer para cuidar el país que hemos construido.
Algunos salen a las calles. Otros organizan manifestaciones, levantan la voz, denuncian, protestan o buscan distintas maneras de defender aquello en lo que creen. Apacigua escogió otro camino. Nosotros trabajamos con la sociedad y con la ciudadanía, intentando convertirnos en un enlace entre las personas y los poderes de la República. Queremos acercar mundos que muchas veces parecen demasiado distantes: que las instituciones puedan escuchar a la gente y que la gente pueda comprender, conocer, preguntar y fiscalizar a sus instituciones.
Pero nuestro trabajo va más allá. Estamos acercándonos a instituciones y comunidades en distintos lugares del país para hablar de democracia, ciudadanía, convivencia, integridad y responsabilidad. Queremos contribuir a sostener la democracia que tanto amamos mientras esté en nuestras manos hacerlo. Y también queremos acercarnos a las escuelas y a nuestros niños, porque ellos recibirán algún día el país que nosotros seamos capaces de entregarles.
Quizás esa sea una de las partes más importantes de Apacigua: trabajamos para el presente, pero también para un futuro que nosotros probablemente no veremos completo. Si nuestra generación logra cuidar y fortalecer la democracia, habremos cumplido una parte de nuestra tarea. Y si algún día quienes vienen detrás reciben un país con problemas que nosotros no pudimos resolver, queremos que al menos tengan herramientas para pensar, dialogar, participar, defender sus derechos y reconstruir aquello que eventualmente se haya debilitado.
Pero seguimos teniendo esperanza. Esperanza de que Costa Rica pueda atravesar este momento, aprender de él y continuar caminando. No trabajamos desde la certeza de que todo está perdido; trabajamos precisamente porque creemos que todavía hay muchísimo que cuidar, muchísimo que fortalecer y muchísimo que construir.
Apacigua llegó para quedarse.
Y sí, de vez en cuando salimos a pedir apoyo financiero. Pero no pedimos dinero para escribir un artículo, hacer una publicación, grabar un video o sonreír en una plaza. Lo pedimos porque estamos desarrollando talleres de crecimiento personal, autoanálisis e introspección con alcaldías, con miembros del Organismo de Investigación Judicial, con delegaciones de policía y con asesores legislativos. Porque así como durante la pandemia los médicos y los enfermeros estuvieron en una primera línea protegiéndonos frente al COVID-19, hoy hay personas dentro de nuestras instituciones que cargan con una enorme responsabilidad en la defensa cotidiana de la institucionalidad democrática, y queremos darles herramientas para enfrentar también el desgaste humano que eso implica.
Sí, pedimos ayuda. Porque tenemos una radio pensada para acompañar y apaciguar a quien quiera escucharla. Porque estamos desarrollando herramientas y aplicaciones digitales para llevar recursos de bienestar, ciudadanía y democracia hasta comunidades de Costa Rica a las que difícilmente podríamos llegar físicamente. Porque queremos crear materiales, capacitaciones, ejercicios y espacios que no se queden solamente en San José ni solamente en una pantalla de Facebook.
Sí, pedimos ayuda. Porque detrás de lo que ustedes ven existe trabajo que muchas veces no se ve. Hay un centro de control que permanece activo más de veinte horas al día, hay herramientas digitales que desarrollar y mantener, servidores, plataformas, contenidos, programas y proyectos que requieren recursos. Y estamos aquí para ustedes.
Constantemente recibo críticas de personas que me reclaman por pedir ayuda. Y no importa. Prefiero aguantarme la vergüenza de pedirla las veces que sea necesario antes que abandonar una misión que para mí se ha convertido en un llamado. También me critican porque no estoy de acuerdo con algunas concentraciones o porque en determinados momentos he recomendado no asistir a ellas. Tampoco importa. Porque parte de este llamado consiste en proteger, hasta donde mi criterio y mi conciencia me indiquen que debo hacerlo, a los ciudadanos de este país. Puedo equivocarme, por supuesto, pero nunca voy a recomendar algo que yo considere que puede poner innecesariamente en riesgo a una persona solo para quedar bien con alguien.
Me critican por eso y por muchas otras cosas. Supongo que también es parte del camino. Los perros ladran cuando uno va pasando. Y mientras las críticas sean el precio de seguir haciendo aquello en lo que creo, las escucharé cuando tengan algo que enseñarme y continuaré caminando cuando no lo tengan.
Y para que quede absolutamente claro: sigo siendo yo y Apacigua sigue siendo Apacigua. Seguimos defendiendo la democracia, el Estado de derecho, la institucionalidad, la separación de poderes y los principios democráticos. No hemos cambiado de propósito porque alguien nos critique, porque alguien se enoje o porque esperara de nosotros una forma distinta de actuar.
Y a quienes confunden nuestro nombre con debilidad también quiero decirles algo: apaciguarse no es agazaparse. Apaciguarse es recuperar la serenidad necesaria para pensar antes de actuar, para no permitir que el miedo, la cólera o la provocación decidan por nosotros. No creemos en la violencia y no necesitamos convertir al ciudadano en soldado para defender una democracia. Nuestras herramientas son otras: la palabra, la información, la educación, la fiscalización, la organización ciudadana, las instituciones, la Constitución y la ley.
Eso no nos hace débiles.
Nos hace ciudadanos.
Y si algún día toca defender con mayor firmeza aquello que hemos construido, cada uno sabrá cuál es su lugar y cuál es su responsabilidad, siempre dentro de la democracia y del Estado de derecho.
Cada uno en su trinchera.
Si vos creés que la democracia y el Estado de derecho se sostienen solos, o que corresponde a otros hacer todo el trabajo, está bien: nosotros seguiremos haciendo cuanto esté a nuestro alcance con los recursos que tengamos. Pero si alguna vez has sentido que Apacigua hace una diferencia; si alguno de nuestros artículos te hizo pensar, una herramienta te ayudó, nuestra radio te acompañó, una capacitación llegó a alguien que la necesitaba o simplemente has sentido que vale la pena que este proyecto continúe creciendo, entonces también hay un espacio para vos.
Porque Apacigua no debería ser solamente de quienes trabajamos todos los días detrás de una computadora, una capacitación, un micrófono o una aplicación. Puede ser también de quienes decidan sostenerlo.
No se trata solamente de ayudarnos a nosotros.
Se trata de decidir si vale la pena ayudarnos entre todos.
Apacigua no termina con una coyuntura política, una elección, un gobierno o una crisis. Queremos estar del lado de la gente: de su seguridad, de su bienestar, de su derecho a comprender lo que sucede y de las herramientas que puedan ayudarle a enfrentar los momentos difíciles que eventualmente le corresponda vivir.
Apacigua llegó para quedarse.
Apaciguar no significa quedarse quieto.
A veces significa hacer algo mucho más difícil: seguir construyendo mientras otros sienten que todo se está derrumbando.
Vinicio Jarquín
Apacigua.com
La frase “apaciguarse no es agazaparse” me parece especialmente potente porque responde directamente a una de las críticas recurrentes al nombre y al concepto de Apacigua.