¿Qué les costaba un minuto?

Este 21 de septiembre ocurrió algo en la Asamblea Legislativa que, aunque podría parecer pequeño frente a los grandes problemas nacionales, dice mucho del clima político que estamos viviendo. Varias diputaciones presentaron una moción para que el Plenario guardara un minuto de silencio por Carlos Josué Marchena Marchena, costarricense de 37 años que falleció mientras permanecía bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE. Su familia espera todavía conocer oficialmente la causa de su muerte y ha denunciado problemas relacionados con su alimentación y el acceso a medicamentos durante su detención.

La moción recibió 24 votos a favor y 29 en contra. Las 29 diputaciones presentes de Pueblo Soberano votaron negativamente. Después se intentó revisar la decisión, pero tampoco prosperó. Finalmente, las diputaciones de oposición solicitaron un receso y realizaron por su cuenta el minuto de silencio. Tres diputados oficialistas que habían votado contra la moción permanecieron en sus curules y se pusieron de pie durante el homenaje.

No entiendo el esfuerzo casi sobrehumano que hacen algunas personas por caer mal. O quizá ni siquiera se trate de eso. Tal vez hemos llegado a un punto en el que todo lo que provenga del llamado Bloque Democrático debe ser rechazado automáticamente, sin detenerse demasiado a valorar qué se está proponiendo.

Porque aquí no se estaba votando un presupuesto, una reforma constitucional, un impuesto ni una política migratoria. No se estaba pidiendo respaldar al gobierno de Estados Unidos ni condenarlo. Se estaba pidiendo guardar silencio durante sesenta segundos por la muerte de un costarricense.

El diputado José Miguel Villalobos, de Pueblo Soberano, explicó que su bancada interpretó que detrás de la moción existía también un cuestionamiento a la política migratoria estadounidense y señaló que aprobar este tipo de homenajes podría generar el precedente de hacerlo cada vez que falleciera un costarricense fuera del país. Desde la oposición respondieron que la propuesta era simplemente un gesto de solidaridad y empatía con la familia. Y precisamente ahí está lo que no entiendo.

Podemos discutir después sobre ICE, inmigración, deportaciones, Estados Unidos y sobre las intenciones políticas de quienes presentaron la moción. Para eso existe el debate legislativo. Pero frente a una familia costarricense que acaba de perder a uno de los suyos, ¿realmente era necesario convertir también esos sesenta segundos en otra batalla política?

La política necesita oposición. Necesita votos en contra, diferencias profundas y discusiones incómodas. Pero también debería conservar ciertos espacios en los que dejamos de preguntarnos quién presentó una moción y simplemente recordamos que, antes que diputados, oficialistas, opositores o electores, somos personas.

¿Qué les costaba quedarse calladitos un minuto? Solo un minuto.

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