Apacigua tu ser interior para que Costa Rica pueda respirar en paz

A veces, cuando todo el país parece un hervidero de voces, insultos y acusaciones, se me ocurre que lo que más necesitamos no es tener razón, sino tener calma. Que antes de levantar la voz para defender un punto, deberíamos aprender a respirar. Que antes de señalar, deberíamos mirarnos por dentro.

Costa Rica ha sido siempre un milagro silencioso. Mientras otros pueblos aprendieron a gobernarse con fusiles, nosotros aprendimos a hacerlo con palabras. Somos una nación pequeña, pero con un corazón que ha sabido elegir la paz una y otra vez. Esa herencia no vino de la casualidad; vino de la conciencia. De hombres y mujeres que entendieron que el respeto, la serenidad y la decencia valen más que cualquier victoria momentánea.

Por eso, cuando el ruido político empiece a subir, cuando los insultos inunden las redes y la ansiedad se sienta en el aire, recordemos lo esencial: lo que defendemos no es un partido, es una manera de vivir. Es la posibilidad de seguir caminando por las calles sin miedo, de mirarnos a los ojos sin odio, de pensar distinto sin querer destruirnos.

Faltan semanas para las elecciones, y ya se siente la efervescencia creciendo como una olla que no quiere taparse. Pero la efervescencia solo se desborda si uno la agita. No la agitemos. Apacigüemos el ser interior.

Porque cuando cada uno de nosotros encuentra paz dentro de sí, el país entero respira mejor.

No es ingenuidad. Es responsabilidad. Cada pensamiento agresivo que soltamos al aire es una piedra más en la montaña del ruido. Pero cada palabra amable, cada silencio prudente, cada intento de escuchar en lugar de atacar, es un acto patriótico.

La paz no es ausencia de conflicto; es presencia de conciencia. Y si aprendemos a mantenerla, aun cuando no pensemos igual, habremos defendido lo más sagrado que tenemos: la esencia misma de ser costarricenses.

Así que este es el llamado: votemos con amor, con respeto, con claridad. No permitamos que el miedo o la furia decidan por nosotros. Dejemos que la historia nos vea una vez más eligiendo la serenidad, no la violencia.

Porque si cada uno de nosotros resurge individualmente, resurgirá también la nación entera.

Costa Rica ha sido siempre un ejemplo. Hagamos que vuelva a serlo.

Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio