Queridos apaciguaditos…

Durante semanas hemos estado practicando algo que no es nada fácil: respirar antes de reaccionar, bajar el volumen interno, no responder desde la herida, no dejarnos arrastrar por la ola del enojo colectivo. Hemos hablado de calma, de dignidad, de no pelearnos por diferencias políticas. Pero ahora viene la verdadera prueba. Ya entramos en el último mes antes de la recta final, y es aquí donde todo lo aprendido deja de ser teoría y se convierte en ejercicio real.

Muy probablemente, en estos días empezaremos a encontrarnos cada vez más con personas que van por un partido distinto al nuestro. Con amigos, con familiares, con compañeros de trabajo. Y ahí es donde se mide de verdad quién logró apaciguar su ser interior… y quién solo lo practicaba mientras todo estaba relativamente tranquilo. No se vale rompernos entre nosotros justo ahora. No se vale que el respeto que hemos defendido se nos caiga en el primer desacuerdo fuerte.

Tenemos que aprender a respetar los gustos, las decisiones y los procesos de cada persona. Cada uno llega a su voto desde su historia, sus miedos, sus creencias, su información, su intuición. Así como hemos practicado respetar a quienes siguen el continuismo —incluso cuando no estamos de acuerdo— también nos toca ahora respetar a quienes, sin ser del continuismo, prefieren un candidato distinto al tuyo. Nadie tiene la verdad completa en el bolsillo.

No se vale insultar. No se vale descalificar. No se vale convertir al otro en enemigo solo porque vota distinto. Eso es justamente lo que hemos venido criticando. No podemos terminar haciendo lo mismo con otro color de camiseta. Si alguien te ataca, si alguien te provoca, si alguien te agrede, recuerda lo aprendido: apacigua tu ser interior, da un paso atrás, no respondas desde la herida.

Este tramo final no es solo una prueba política. Es una prueba humana. Es una prueba de madurez emocional, de conciencia, de coherencia. Vamos hacia adelante como costarricenses, sí. Pero sobre todo como personas que han decidido no convertirse en reflejo de la violencia que no quieren para su país.

Que este último mes nos encuentre firmes, pero serenos. Convencidos, pero respetuosos. Claros, pero humanos. Porque al final, la paz que queremos para Costa Rica tiene que empezar dentro de cada uno de nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio