Señores agricultores,
Ustedes saben de semillas de una manera que pocos entienden de verdad. No desde el discurso, sino desde las manos, desde el tacto, desde la experiencia de haber visto nacer y morir cosechas enteras. Ustedes saben que no toda semilla sirve, que no todo lo que brilla germina, y que elegir mal una vez puede afectar la tierra durante años, no solo una temporada.
Hace un tiempo llegaron a San José con sus tractores y sus carros, creyendo que la capital era un terreno cuidado, un jardín atendido con responsabilidad. Y lo que encontraron fue maleza, desorden, abandono, decisiones tomadas sin pensar en las consecuencias. Descubrieron que la ciudad, igual que el campo, también se deteriora cuando nadie se hace cargo de lo que se siembra ni de lo que se deja crecer.
Eso mismo pasa con la democracia, aunque a veces no se note de inmediato. La democracia no se pierde de un día para otro, se va llenando de maleza lentamente, con pequeñas omisiones, con decisiones apuradas, con semillas mal escogidas que parecen inofensivas al inicio. Se va empobreciendo cuando se planta sin revisar qué trae dentro cada promesa y cada discurso.
Este primero de febrero, vos no solo vas a votar. Vos vas a sembrar, igual que lo hacés cada vez que confiás una semilla a la tierra. Y nadie mejor que vos sabe que algunas semillas se ven bonitas por fuera, pero empobrecen el suelo, otras crecen rápido pero atraen plagas, y otras no producen alimento, solo sombra y desorden que después cuesta años corregir.
Por eso te pido algo sencillo y profundo a la vez: seleccioná tu voto con el mismo cuidado con el que seleccionás una semilla para tu parcela. Pensá en la tierra que dejás, en el país que compartimos, en lo que va a crecer después de esta siembra. Que lo que pongás en la urna no sea maleza, que no debilite la tierra común ni atraiga problemas que luego no se pueden arrancar.
Costa Rica también es un campo compartido, y todavía estamos a tiempo de sembrarlo bien. Vos sabés hacerlo. Lo hiciste toda la vida.
