
Anoche, en medio del cansancio y el insomnio de haber regresado de vacaciones, escribí “El cansancio moral de un país decente.” Lo publiqué… y me dormí.
Hoy, menos de 24 horas después, el artículo ha sido compartido 469 veces, ha recibido miles de visitas en mi blog, y me han contactado medios de comunicación interesados en publicar otros de mis textos.
También he leído cientos de comentarios, y me han escrito personas de la vida pública —a quienes no conozco personalmente— para felicitarme por poner en palabras algo que muchos sienten. Incluso, una parte del artículo fue leída esta tarde en la Asamblea Legislativa.
Y, para mi sorpresa, entre miles de reacciones, solo recibí dos insultos. Y ni siquiera tan duros.
Todo esto me confirma algo que ya intuía: hay una necesidad profunda en el pueblo costarricense de hablar, de pensar, de sentir, y de volver a creer en la decencia.
A partir de hoy renuevo mi compromiso con quienes me leen —ya somos casi tres mil solo en Facebook, sin contar los lectores del blog— de seguir publicando materiales que, aunque no todos compartan, siempre se mantendrán en una misma línea: el respeto.
Porque todavía podemos salvar este país. Y las palabras, cuando se dicen con verdad y sin odio, también son una forma de hacerlo.
— Vinicio Jarquín
Recién inició a leerle y agradezco a la vida que hayan personas como usted con talento y decencia que con sus sabias palabras puedan ojalá, calar en la conciencia de tanta gente cegada por el fanatismo. Lo felicito.