Desde Apacigua observamos el inicio de una nueva etapa para Costa Rica con esperanza, pero también con la serenidad que exige este momento histórico.
Más allá de simpatías políticas, preferencias electorales o diferencias ideológicas, creemos profundamente que toda transición democrática merece respeto. La democracia no se sostiene únicamente en las victorias electorales, sino también en la forma en que una sociedad decide convivir después de ellas.
Deseamos sinceramente que esta nueva administración conduzca sus decisiones con respeto absoluto a la Constitución Política, a la institucionalidad democrática y a los principios que durante décadas han dado estabilidad a nuestro país. En tiempos donde el ruido, la confrontación y la emocionalidad extrema parecen dominar gran parte de la conversación pública, Costa Rica necesita liderazgo con equilibrio, prudencia y conciencia humana.
Desde Apacigua creemos que gobernar no debería tratarse únicamente de ejercer poder, sino también de comprender el impacto emocional, social y humano que cada decisión genera sobre las personas. Un país no se sostiene solo con discursos fuertes ni con popularidad momentánea. Se sostiene cuando sus instituciones permanecen firmes, cuando existe respeto por la diferencia y cuando el diálogo sigue siendo posible incluso entre quienes piensan distinto.
Deseamos también que quienes integren el nuevo gobierno recuerden que la firmeza no está peleada con la empatía, y que defender una visión de país nunca debería requerir destruir emocionalmente a quienes no la comparten. Costa Rica necesita menos humillación pública y más madurez colectiva. Menos enemigos imaginarios y más ciudadanos capaces de convivir dentro de sus diferencias.
Apacigua no nace para apoyar gobiernos ni para destruirlos. Nace para recordar algo mucho más sencillo y mucho más difícil: que ningún proyecto político tiene sentido si las personas pierden su paz interior, su capacidad de pensar con claridad o su humanidad en el proceso.
Por eso, en este inicio de gestión, deseamos serenamente que las decisiones que vengan fortalezcan la democracia, honren la institucionalidad, respeten la libertad de expresión y ayuden a sostener un país donde todavía sea posible disentir sin destruirnos unos a otros.
Costa Rica merece avanzar.
Pero avanzar sin perderse a sí misma.