Dicen que hay una historia popular —medio chistosa, medio triste— de alguien que iba retrasado para una boda. Mientras manejaba, rezaba desesperado: “Ay, Dios, por favor, que encuentre un campo cerca de la iglesia. Si me lo das, te prometo que dejo de tomar, dejo de fumar, dejo de portarme mal, dejo todo lo que me hace daño… pero solo ayúdame con el parqueo”. Cuando llegó, milagrosamente había un espacio justo frente a la puerta. Y esa persona, sin pensarlo dos veces, dijo: “Ay no, Dios, tranquilo… aquí hay uno”.
Una historia simple, pero cargada de humanidad: pedimos fuerza, pedimos ayuda, pedimos luz… y cuando llega, fingimos que vino de la nada.
En estos días —y anoche especialmente— muchísimos costarricenses estábamos preocupados por lo que pudiera ocurrir hoy en la Plaza de la Democracia. No era un miedo inventado. No era exageración. La efervescencia política estaba al tope, circulaban mensajes inquietantes, y el país parecía caminar por una cuerdita floja.
A pesar de eso, miles de personas hicieron lo que podían: enviar buena vibra, pensamientos de calma, oraciones, deseos de paz, energía de protección, como cada uno sabe hacerlo.
Y hoy nos despertamos con la noticia de que no hubo altercados.
No hubo disturbios. No hubo violencia. No hubo nada que lamentar.
Aquí es donde cada uno decide qué historia quiere creer.
Podés decir: “Ay Dios, ya no gracias, no pasó nada, todo salió bien por pura casualidad”.
O podés asumir algo más profundo: que cuando un país entero baja el volumen, se aquieta por dentro y decide que no quiere guerra, la energía cambia. Que quienes estamos en Apacigua tu ser interior… para que Costa Rica pueda respirar en paz hicimos nuestra parte —pequeña o grande, silenciosa o visible— para que hoy Costa Rica no ardiera.
Cada uno elige su versión.
Yo elijo creer que lo que pasó no fue suerte. Fue decisión. Fue intención. Fue conciencia colectiva. Fue un país entero diciendo, aunque fuera en voz bajita: “Hoy no. Hoy no vamos a rompernos.”
Así que gracias. Gracias por la vibra, por la calma, por la intención, por la oración, por el deseo, por el pensamiento.
Hoy, Costa Rica respiró en paz.
Y esta campaña tiene que seguir—porque demuestra que, cuando el ser interior se apacigua, un país entero cambia su rumbo.