Costa Rica tiene detenido el “Pura Vida”

Hoy, casi al final de una entrevista de televisión, el periodista me preguntó con qué frase me quedaba después de hablar sobre lo que estamos viviendo en Costa Rica. No tuve que pensarlo mucho. Me salió del alma: “Costa Rica tiene detenido el Pura Vida”. Y lo dije con una mezcla rara de tristeza, memoria y lucidez. Porque así lo siento. Y creo que muchos lo sienten también, aunque no lo digan.

He viajado por varios países y siempre, siempre he llevado la bandera por dentro. Cuando digo “Costa Rica” fuera del país, la gente sonríe. Cuando digo “Pura Vida” en un lugar de habla hispana, las caras se iluminan. Y no lo hacen por mí: lo hacen por lo que representa Costa Rica en el imaginario del mundo. Democracia. Paz. Belleza. Estabilidad. Educación. Felicidad. Y eso siempre me llenó de un orgullo que es casi físico, un orgullo que se siente en el pecho, como un solcito caliente.

Pero últimamente… ya no se siente igual.

No sé si es solo a mí, o si le pasa a más gente, pero en los últimos viajes, cuando alguien me dice: “Costa Rica, ¡qué maravilla!” o “ustedes son el país más feliz del mundo”, siento una punzada. Una especie de hipocresía no de ellos, sino mía, porque sé que ese “Pura Vida” del que hablan ya no está tan vivo adentro. Se siente detenido. Trancado. En pausa. Como si lo hubiéramos dejado olvidado en algún lugar entre tanto pleito, tanta rabia, tanta división artificial.

Y no hablo de toda la población. Hablo de un fenómeno emocional. Hablo de que muchos de los que gritan “Pura Vida” con orgullo, en redes sociales insultan sin filtros, humillan a otros, se burlan, desprecian, exudan una amargura profunda, como si llevaran rato respirando aire contaminado. Y lo más doloroso es que no solo viven así; quieren contagiar a todos con ese veneno. Quieren normalizar una Costa Rica áspera, agresiva, deshumanizada. Una Costa Rica que no es la que nos enseñaron a amar.

El Pura Vida —ese simple mantra que decía tanto sin decir nada— ya no lo estamos viviendo de la misma manera. Se volvió un eslogan vacío para muchos. Una muletilla. Una manera de esconder la rabia. Una sonrisa que no llega a los ojos.

Lo que antes significaba comunidad, ahora para algunos significa pelea. Lo que antes era solidaridad, ahora para algunos es ataque. Lo que antes era una forma de existir, ahora es solo una palabra más en el diccionario nacional.

Pero te voy a decir algo, y te lo digo con convicción: el Pura Vida está detenido, sí, pero no está muerto. No lo han roto del todo. No lo han arrancado. Está ahí, debajo del ruido, debajo de la furia, debajo de la confusión. Está esperando a que lo rescatemos. A que lo vivamos de nuevo con coherencia, con humanidad, con respeto, con ternura. A que entendamos que la libertad viene con responsabilidad. Que la democracia requiere cuidado. Que la convivencia no se sostiene sola.

El Pura Vida no nos lo quitaron: lo descuidamos. Lo dejamos atrás sin darnos cuenta. Pero podemos recuperarlo. Y tal vez esta crisis, todo este desorden emocional y político, sea precisamente el punto donde decidamos volver a él. Volver a lo que nos hacía únicos. Volver a la calma. Volver a la decencia. Volver a la verdad. Volver a la auténtica alegría de ser costarricenses.

Porque Costa Rica no merece vivir con el Pura Vida detenido. Y yo tampoco. Ni vos. Ni nadie.

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