Una pausa necesaria en medio del ruido

Hoy pasó algo importante en Costa Rica. Algo que, en medio de tanto grito, tanta sospecha y tanta desconfianza sembrada, merece ser leído con calma. La Sala Constitucional ordenó suspender la tramitación de las licitaciones de frecuencias de radio y televisión mientras se estudia a fondo un recurso de amparo.

Digo esto así, sin adornos, porque a veces hay que volver a lo esencial: cuando hay dudas serias, la democracia pone freno. No acelera. No impone. No atropella. Se detiene, revisa y protege.

La propia Sala explica que esta suspensión se da ante el grave riesgo de una disminución significativa en los servicios de radiodifusión, tanto televisivos como radiofónicos, y con el objetivo de prevenir posibles daños severos. Incluso señala que, por la cantidad de ofertas recibidas, podría existir una reducción de al menos dos tercios del espectro actual. Dos tercios. Eso no es un detalle técnico: es un golpe enorme a la pluralidad de voces si no se analiza con extremo cuidado.

También se amplía el amparo contra el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones, junto con el Ministerio de la Presidencia y la Superintendencia de Telecomunicaciones. Es decir, la Sala entiende que aquí hay un tema de fondo, estructural, de interés público, que merece ser examinado con lupa constitucional.

Y yo, honestamente, siento alivio.

No porque alguien “ganara”.

No porque alguien “perdiera”.

Sino porque la institucionalidad está funcionando. Porque cuando algo amenaza con cambiar de forma drástica el paisaje de la comunicación nacional, no puede resolverse a empujones ni desde la soberbia del cálculo político.

Aquí no se trata de si a alguien le gusta o no le gustan ciertos medios.

Aquí no se trata de simpatías.

Aquí se trata de libertad de expresión real, de acceso a la palabra, de diversidad, de comunidad, de territorio, de radio de pueblo, de voces pequeñas que también sostienen democracia.

Y esto conecta profundamente con algo que he venido diciendo desde hace tiempo: no es momento de incendiar a las instituciones, es momento de dejar que hagan su trabajo. La Sala Cuarta no es un enemigo. Es un pilar. No es un obstáculo. Es un resguardo. No es un estorbo. Es una garantía.

Hoy, mientras muchos andan buscando culpables, teorías, traiciones o salvadores, la Constitución está haciendo exactamente lo que debe hacer: poner pausa cuando hay riesgo. Pausa para estudiar. Pausa para escuchar. Pausa para decidir en derecho, no en consigna.

Y esto también es parte del Pura Vida profundo.

El que no se grita.

El que no se impone.

El que protege sin ruido.

En medio del temblor emocional que vive el país, esta es una buena noticia: la democracia respiró un poco hoy.

Y cuando la democracia respira, todavía hay esperanza.

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