
Hoy quiero felicitar públicamente al fiscal general de la República, Carlo Díaz Sánchez.
La Administración para el Control de Drogas de los Estados Unidos, la DEA, le entregó un reconocimiento por la colaboración del Ministerio Público costarricense en la lucha contra el narcotráfico y por su compromiso con la seguridad. La distinción fue entregada por Terrance C. Cole, administrador de la DEA, durante la 40.ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas, realizada en Buenos Aires, Argentina.
Pero hay algo que me parece todavía más importante que la placa, la fotografía o el acto protocolario.
Costa Rica está enfrentando uno de los desafíos más serios de nuestra historia reciente: el crecimiento del narcotráfico y del crimen organizado. Es una lucha demasiado grande para convertirla en otro pleito político. Aquí necesitamos policías, fiscales, jueces, instituciones y cooperación internacional trabajando en la misma dirección.
Durante estos encuentros, el fiscal Díaz y autoridades estadounidenses conversaron precisamente sobre fortalecer esa cooperación y establecer nuevos objetivos conjuntos para combatir el tráfico internacional de drogas, el crimen organizado y también la corrupción relacionada con funcionarios públicos.
Eso debería alegrarnos como país.
Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con Carlo Díaz en algunas actuaciones. Podemos cuestionar decisiones del Ministerio Público cuando consideremos que corresponde. Así funciona una democracia. Pero también deberíamos conservar la capacidad de reconocer los méritos cuando existen.
Y cuando una institución internacional especializada en la lucha contra el narcotráfico reconoce el trabajo realizado desde Costa Rica, creo que lo correcto es decirlo.
Felicidades, don Carlo.
El reconocimiento lleva su nombre y reconoce también el trabajo de la Fiscalía que usted dirige, pero de alguna manera también lleva un poquito del nombre de Costa Rica.
En tiempos en los que pareciera que celebramos más las derrotas de quienes consideramos adversarios que los triunfos de nuestros compatriotas, quizá convenga recordar algo muy sencillo:
No todo tiene que dividirnos. Hay victorias que deberían alegrarnos a todos. Esta es una de ellas.